lunes 7 septiembre , 2026 | 08:12

¡No más ataques a la Mujer Trabajadora!

6 septiembre, 2026

Por Carlos Reyes

El triunfo de la ultraderecha pinochetista en las últimas elecciones presidenciales, ha dado espacio para que refloten con fuerza discursos y posiciones reaccionarias en contra de las mujeres trabajadoras y los limitados derechos que han conquistado en años de lucha.

Si bien este espectro político ha sostenido desde siempre estas nefastas ideas, hoy a cargo de la administración del estado burgués, tienen un amplio margen para instalar y tratar de imponer sus políticas de carácter clasista en materia de género.

La primera señal en esa dirección fue la asignación de Judith Marín en el ministerio de la mujer. Evangélica fanática de orientación neopentecostal, militante del Partido Cristiano de Chile y alineados políticamente con la derecha extrema a nivel el nacional y global.

En los últimos años, estos miserables han sido activos militantes en contra de los escasos avances que se han conquistado en torno a los derechos reproductivos (las 3 causales de interrupción del embarazo) y por medio de sus “congregaciones” han logrado amplificar sus lineamientos en considerables sectores de la población.

Con ese piso político, el partido nacional-libertario con el apoyo de diversos diputados de la derecha pinochetista, presentaron el proyecto “escucha su corazón”. Este consiste en obligar a las mujeres que recurran a una de las tres causales de interrupción del embarazo, a escuchar los latidos del feto para así “convencerlas” de desistir de su derecho. Una verdadera aberración.

A todas luces el nombramiento de Marín y la presentación de ese proyecto de ley son una provocación y debemos enfrentarla al igual que su gobierno empresarial.

El “feminismo anti-hombres” y su bancarrota.

Si bien las demandas de las mujeres trabajadoras mayoritariamente han estado presentes en las luchas contra el capital, en las últimas décadas han dado un gran impulso y a punta de movilizaciones han conquistado mínimos derechos reproductivos.

La caída de los mal llamados “socialismos reales” implico una equivocada percepción del triunfo definitivo del capitalismo. A esta ilusión se sumaron muchos sectores de la izquierda y del activismo, abandonando por completo una perspectiva superadora de la sociedad de clases.

De esa avalancha el feminismo no se salvó y al igual que otros sectores en lucha terminó hegemonizado por posiciones pequeño burguesas, que en este caso se alejaban del sentido común organizativo de la clase trabajadora y el pueblo pobre. Por ejemplo, dividiendo hombres de mujeres en asambleas y marchas.

Pero lo más grave, fue instalar que las tareas pendientes de las mujeres trabajadoras serán solo obra de ellas y no de conjunto como clase oprimida y sus históricas herramientas de combate.

Años sosteniendo esa posición en universidades, círculos intelectuales o artístico-culturales y en la opinión pública terminaron por alejarse de la clase obrera y la mirada clasista en materia de género.

Todo esto ha provocado, por una parte, la baja en el respaldo a las demandas de las mujeres trabajadoras, y por otra, el fortalecimiento de quienes atentan contra los escasos derechos obtenidos en décadas de lucha.

Es necesario que las organizaciones sindicales y de mujeres trabajadores se desprendan de esta nefasta política impuesta desde el feminismo pequeño burgués y retomen la tradición de combate y mirada de clase en la cuestión del género. La mujer y el hombre trabajador deben ir de la mano en la lucha contra el capital y quienes lo sostienen.

Por una salida obrera, socialista y revolucionaria a los problemas de la mujer trabajadora.

Las concepciones que predominan en las agrupaciones feministas han mostrado su impotencia para frenar los ataques del gobierno y las provocaciones de la ultra derecha. Es que difícilmente lejos de la clase trabajadora y sus sindicatos, desde la individualidad y el separatismo, se pueda enfrentar efectivamente al pinochetismo.

Es deber de las organizaciones obreras tener siempre presentes en cada movilización, las demandas de las mujeres de nuestra clase. Un congreso de delegados de base deberá definir sus prioridades e incorporarlos a un plan de lucha que avance hacia la huelga general.

Al empresariado y su gobierno donde más le duele es cuando dejan de recibir las ganancias y se altera su orden. Por lo mismo la organización y lucha en los puestos de trabajo es el arma más certera para avanzar en la conquista de nuestras demandas.

Para ello debemos expulsar a la burocracia de Cut y a los dirigentes pro-empresa de nuestros sindicatos. Son cómplices de hacer de las demandas de las mujeres un saludo a la bandera los 8 de marzo.

Por el avance en los derechos reproductivos de nuestras compañeras, un rol vital cumplirá las trabajadoras de la salud pública. Ellas serán la primera línea en la defensa y ofensiva de las conquistas. Es deber de la Confusam convocar asambleas nacionales para discutir esto y demás demandas.

En la misma línea debe ir lo relacionado a los temas de sala cunas y cuidados de las niñeces. Las trabajadoras de esa área junto a sus organizaciones tienen la primera palabra.

Al envalentonamiento de la extrema derecha y sus provocaciones solo lo puede detener la clase obrera y el pueblo pobre organizado en cada lugar de trabajo y movilizado en las calles.

Solo de esa manera se levantan realmente las demandas de las mujeres trabajadoras. Desde nuestra clase y nuestras organizaciones sindicales.

¡Fuera Judith Marín!

¡Abajo el gobierno!

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