El pasado domingo 11 de Octubre fallecieron aplastados por un alud, Rodrigo Ponce Ponce y Guillermo Guajardo López, trabajadores de la mina el Teniente, del sector de Machalí, los que se encontraban realizando inspección en una faena de la mina de Rajo Sur, que se encontraba en funcionamiento pese al intenso sistema frontal.
Los trabajadores eran sub-sub-contratados. Contratados por la empresa San Lorenzo que presta servicios para la empresa Aura que a su vez presta servicios a Codelco.
El día anterior, en Chuquicamata, un trabajador fue aprisionado por un camión lubricador, ocasionándole fracturas en ambas piernas, logró ser liberado por sus compañeros de trabajo y se encuentra grave en el hospital del cobre.
Ya el 01 de Octubre, en la mina Radomiro Tomic de Codelco falleció, al intervenir una correa transportadora, Waldo Castillo, trabajador de la empresa contratista EECC Berliam, mientras realizaba labores de mantenimiento.
Esta seguidilla de accidente con resultado fatal en la mayoría, se dan apenas un año después de la tragedia de que 6 trabajadores con contratos subcontratistas perdieran la vida en las faenas del Teniente, en circunstancias que se han encargado de que permanecieran ocultas. Mientras algunos de los responsables, ocultaron información o la tergiversaron, apurándose a salir de la empresa antes que avance la investigación.
La inspección del trabajo se ha apersonado como responsable del mando estatal para pasar más multas o decretar el cierre provisorio de faenas. En cada caso, las empresas involucradas, tanto la mandante como las contratistas, cuentan con centenas de multas cursadas por infracciones a la legislación laboral, por incumplimiento de los propios protocolos de seguridad establecidos.
Y no solo en Codelco…
El pasado 06 de Octubre, en mina Colorado de Compañía minera del pacífico Nelson Torres Parra, operador especialista de faena de 46 años de la empresa contratista IMOPAC, fue encontrado fallecido a un costado del equipo de perforación sin que aún se conozcan las causas.
El 23 de Septiembre, en minera Escondida, Carlos Rodriguez Soto, mientras realizaba labores de mantención de una pala mecánica, sufrió el aplastamiento por un parabrisas de estos equipos de alto tonelaje. BHP se negó a detener la producción, continuando con las labores de explotación laboral, y lo que sí quiso detener, utilizando cínicamente el fallecimiento, fue el proceso de negociación de un sindicato.
Todos estos accidentes fueron evitables. El incremento de los ritmos de producción, y la implementación de protocolos que sirven sólo a las estadísticas de las mutuales de seguridad, y el papeleo estatal, ponen en riesgo permanente la vida de la clase obrera. Esta condición se intensifica en las empresas subcontratistas cuyo estándar de implementos de seguridad y de protocolos es aún más bajo que en las empresas mandantes.
Las directivas de sindicatos y federaciones, tanto de planta como subcontratados, han expresado su repudio a las acciones de la empresas, y vienen denunciando la negligencia con que directivos, gerentes y seguritos ponen en riesgo permanente la salud y vida de los trabajadores.
Se torna fundamental que desde las organizaciones obreras se llame a realizar asambleas conjuntas, deteniendo las faenas, para discutir e imponer nuestros propios protocolos de seguridad.
Es necesario votar comisiones de inspectores obreros de seguridad que paralice de forma inmediata una labor productiva cuando no existan las condiciones de seguridad.
Es prioridad también plantear el fin a la subcontratación como una forma de sobreexplotación y que divide a los trabajadores en segunda y tercera categoría también en temas de seguridad.
Que no exista ningún accidente o muerte sin investigar y castigar a los directivos responsables. Levantemos comisiones de investigación independiente de las patronales y los organismos estatales, que encubren los hechos.
Por un plan de lucha en toda la rama porque no exista ni un solo trabajador muerto ni herido.