A 7 años del “estallido” social se nos plantea sacar las lecciones de ese proceso álgido de la lucha de clases, para superar al mismo tiempo sus limitaciones.
Se trató de un proceso de semi insurrección espontánea, donde se manifestaron las fuerzas elementales de la sociedad, enfrentándose al aparato represivo y cuestionando el orden establecido, sin poder superar los marcos del régimen burgués.
Se trató de millares de trabajadores y en especial de la juventud, que salimos a luchar, a enfrentar la represión de Piñera, en episodios continuos de lucha callejera, sembrando la dictadura de la calle, colmando las principales plazas públicas en todas las regiones del país, enfrentando a las fuerzas represivas. Estas acciones que imponían un todo caótico, removían el piso de la burocracia estatal y de los políticos burgueses y pequeñoburgueses, que pergeñaban salidas políticas ante este cuestionamiento general. Estas acciones de masas, tuvieron un carácter espontaneo, donde la clase obrera actúo de manera diluida. Si bien existieron cientos de importantes acciones coordinadas por diversos grupos y colectivos, no significó más que una muestra del rol dirigente que puede jugar el activismo y los sectores de vanguardia en estos procesos.
El punto cúlmine de esta semi-insurrección, fue el llamado que hiciera la llamada “mesa social” a la huelga general del 12 de Noviembre de ese año que paralizó, aunque parcialmente, las minas, los puertos, afectó tendidos eléctricos, el trasporte, etc. Este remezón obligó a Piñera a optar entre la salida vía una represión cruenta con la intervención directa del ejército, o un desvío constitucional al que se sumó el entonces “izquierdista” diputado Boric.
Así, este proceso fue desviado mediante elecciones constituyentes, municipales, parlamentarias, primarias, nuevamente constituyentes, etc, etc, además de continuar con una represión sistemática del activismo que no entró dentro del “Acuerdo por la Paz y el Orden Público” que impusiera el régimen para su salvaguarda, con la venia y complicidad de la burocracia sindical inserta en la mesa social. Esto garantizó a su vez la impunidad para los represores y la cárcel para los luchadores. Luego vino la pandemia donde el imperialismo y las burguesías llevaron un ensayo general reaccionario para atacar las condiciones de la clase obrera y a sus organizaciones para poder pasar los ataques, al tiempo que dispersaron a los sectores organizados.
El gobierno del PC y el FA tuvo como rol garantizar esa transición que necesitaban, de llevar todo al seno del aparato estatal, del intento de estatizar los movimientos, tergiversando las demandas sociales como la de pensiones, salud o educación, con operaciones de maquillaje. Pero también este gobierno tuvo un rol central en el perfeccionamiento de esta maquinaria burguesa mediante la continuación de la política de Piñera de otorgar impunidad al alto mando, de votar leyes reaccionarias en respuesta al estallido como la ley de infraestructura crítica, la ley de inteligencia, la del gatillo fácil (Naim-Retamal), la ley antitomas, ley antibarricadas (votada en tiempos de Piñera), regla del uso de la fuerza para la intervención militar interna (terminada de votar en el actual gobierno), etc.
En el escenario actual imperialismo norteamericano busca mantener su lugar de principal potencia en la cadena imperialista llevando acabo intervenciones militares, guerras, guerras de aranceles, etc, mientras el imperialismo europeo ataca las condiciones de los trabajadores y la juventud, mientras la burguesía europea se prepara para profundizar la guerra Rusia Ucranía, y alistar a la juventud para más aventuras sanguinarias.
Tanto al interior del imperialismo yanqui como del europeo se han abierto procesos de luchas de clases. Los jóvenes del viejo continente se encuentran dando peleas importantes contra esta orientación haciendo resquebrajar el orden en medio de la crisis.
El sistema imperialista se encuentra en abierta descomposición y busca imponer una nueva relación capital trabajo y acelerar la asimilación al capitalismo de los ex estados obreros.
La presión del imperialismo yanqui sobre el patio trasero se impone en los gobiernos serviles, mientras integran el “escudo de las américas”, y otros como Lula o Sheinbaum, se alínean con algunas fracciones de las subburguesías de la región para intentar regatear migajas.
En ese escenario internacional el principal problema a resolver es la crisis de dirección revolucionaria. Una dirección que logre foguearse en los procesos de la lucha de clases y fraguar al partido como el factor consciente del proceso inconsciente de la historia. La energía desplegada por cientos de miles de jóvenes y trabajadores debe dirigirse a organizar a nuestra clase, a desplegar el necesario el trabajo militante en la producción que es donde reside el poder burgués.
Parte de sacar estas lecciones es la pelea por construir el partido mundial de la revolución socialista, la cuarta internacional. Reiteramos el llamado de la TRCI a las organizaciones trotskistas que aún reivindican la necesidad de la dictadura del proletariado y la reconstrucción de la IV Internacional, a realizar una Conferencia Internacional para abordar una comprensión común de las tareas en marcha a la revolución mundial.