domingo 2 agosto , 2026 | 07:43

Crisis migratoria en el Norte de África

2 agosto, 2026

Entre el jueves 30 y el viernes 31 de julio, una avalancha humana de unos 60.000 migrantes, mayormente jóvenes, marroquíes y de otros países de África, irrumpió en el enclave colonial español de Ceuta, superando a la guardia fronteriza por tierra y mar. Al momento de escribir esta nota, el saldo de muertos debido a la represión del Estado español y a las condiciones ultra precarias de la migración ascendía a 67 personas.

Entre los elementos que explican la migración masiva es evidente que el principal es la desesperación a la que se ven arrojados los trabajadores de Marruecos y otros países de África ante la degradación de sus condiciones de vida, producto de la putrefacción del capitalismo y la expoliación imperialista, agudizadas en los últimos años por el avance de las tendencias a la guerra generalizada. Este último elemento habilita los análisis que destacan las maniobras de la monarquía marroquí, principal aliada de Trump en el continente y uno de los firmantes de los acuerdos de Abraham con Israel, que emplearía tácticas de presión migratoria para obligar a negociar a España —y a la frágil unidad europea— para hacer avanzar la agenda de reclamos territoriales del país y sus aliados. Tácticas similares fueron utilizadas por Marruecos en 2021. Por supuesto, se trata de tácticas criminales y descompuestas de enfrentamiento entre Estados burgueses utilizando a nuestra clase como carne de cañón.

Sin embargo, lo que el imperialismo ha dado en llamar “crisis migratoria” en realidad fue el avance de la juventud marroquí sobre el territorio que les fue robado por España, lo cual es una acción enormemente subversiva, que provocó la desesperación y el miedo de la burguesía imperialista, preocupada porque esto no se convierta en un ejemplo a tomar por los jóvenes obreros de otras colonias y semicolonias.

La existencia de Ceuta, junto con Melilla y otros 3 territorios bajo soberanía española en África, es una excrecencia colonial. Estos territorios son utilizados para el control de las rutas comerciales y de los flujos migratorios al servicio del imperialismo europeo. Y son una muestra de la decadencia de la unión capitalista de Europa, proyecto que marcha a cada paso hacia una crisis más profunda. La misma crisis en Ceuta ha producido todo tipo de protestas entre los miembros de la UE, que no quieren ninguna solidaridad a la hora de enfrentarse a la “cuestión migratoria”, salvo en la intervención de Frontex, el servicio migratorio continental, que podemos describir como el ICE (la infame migra yanqui) de la UE. El próximo martes, los ministros del interior de la UE mantendrán una reunión para tomar nuevas decisiones, que seguramente continuarán el rumbo de endurecimiento de las medidas anti-inmigración que viene definiendo el grupo en los últimos años.

El sábado 1/8, Pedro Sánchez, presidente del gobierno español (PSOE), se apersonó en Ceuta, no sin antes enviar al ejército y a las fuerzas represivas nacionales a aplicar mano dura. El operativo represivo logró “convencer” a la mayoría de los migrantes de regresar a Marruecos “voluntariamente”, ante la falta de atención sanitaria básica, la represión y las zonas liberadas para el accionar de los grupos de choque nacionalistas pro-españoles. La crisis no está cerrada, ante la perspectiva de que nuevas irrupciones rompan la tensa calma habitual.

La crisis capitalista, con un avance acelerado de la descomposición, el giro hacia la economía de guerra en Europa, la descomposición de los Estados artificiales de la posguerra en África, la salida de las fuerzas militares de las ex metrópolis en zonas determinadas como el Sahel, el peso de la influencia económica de China y militar de Rusia (a través del grupo Wagner) definen la dimensión de la actual crisis en Ceuta, una de las dos fronteras terrestres entre el continente de la otrora opulencia capitalista, en franca decadencia, y el continente africano, primera víctima del bandidaje imperialista moderno.

Los revolucionarios internacionalistas debemos tomar una posición de clase, luchando por el fin de todo resabio colonial en África y en todo el mundo. Fuera España y sus tropas de Marruecos. Pero no es la Monarquía de Mohamed VI ni la sub-burguesía semicolonial marroquí, atada por mil lazos al imperialismo europeo, yanqui y al sionismo, quienes pueden dar una salida a la clase obrera y su juventud frente a las penurias generadas por la crisis. Somos los propios trabajadores los que debemos forjar la unidad internacional de nuestra clase para enfrentar a los Estados imperialistas europeos, organizándonos en sindicatos únicos por rama, donde ingresen sin restricciones todos los inmigrantes de cada rama. Las organizaciones obreras podrán impedir con su lucha que la inmigración irregular en Europa sea utilizada para hacernos competir entre trabajadores para rebajar los salarios y las condiciones de trabajo y de vida en general. Abajo las reformas laborales impuestas por todos los gobiernos con la receta del FMI. La propiedad privada imperialista se ha conformado históricamente no solo a partir de la explotación sobre la clase obrera europea, sino también en base a la expoliación de las colonias y semicolonias. El capitalismo mundial tiene su origen manchado con la sangre de las invasiones europeas sobre África, Asia y América.  Es justamente esta expoliación la base de la construcción de los “Estados de bienestar” de la posguerra, hoy en decadencia, y el sostén de los privilegios de la aristocracia obrera y cúpulas sindicales de los países imperialistas. Por eso, en España toda lucha del activismo obrero en contra de sus direcciones y encaminada a recuperar los sindicatos debe partir de la pelea irreconciliable para que los sindicatos levanten como programa la devolución inmediata de los territorios robados a Marruecos y el fin de la opresión imperialista. Luchemos contra las divisiones legales impuestas entre nacionales, migrantes, residentes, etc. y contra las expulsiones sumarias (en caliente) de los obreros desesperados que huyen de la represión y la miseria que la propia expoliación imperialista genera en sus países de origen. Disolución de Frontex y sus controles fronterizos, disolución de las fuerzas represivas garantes del orden burgués y la propiedad privada de los medios de producción. Piquetes de autodefensa organizados por los sindicatos para enfrentar la represión. Es la clase obrera, empezando por los trabajadores de la propia Europa, la que puede imponer, con sus métodos como los paros y la huelga, la consecución de estas demandas, avanzando en el control obrero de la producción. Para todo esto, será necesario recuperar los sindicatos de manos de la burocracia sindical que viene funcionando como pilar del Estado español y demás estados imperialistas.

La lucha de clases no se detiene, las fronteras nacionales son un freno absoluto al desarrollo económico y social de la humanidad. Por Federaciones de Repúblicas Socialistas como forma política de la dictadura proletaria y su extensión internacional. Para llevar a la victoria este programa, se impone la reconstrucción de la IV Internacional, el partido mundial de la revolución socialista, y sus secciones nacionales.

 

 

 

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