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Declaración de la TRCI

La democracia imperialista, una envoltura rajada

 

El asalto al Capitolio de Washington, sede el Congreso de EEUU, el miércoles 6 de enero, sacudió en lo más profundo a la elite que dirige el país capitalista más poderoso del planeta. La corrosión institucional que lleva varias décadas, pero que se aceleró a partir de la crisis de 2008, da un nuevo salto.

Los hechos del 6 de enero fueron una acción contrarrevolucionaria, llevada a cabo por grupos paraestatales pero alentadas por la cabeza del propio estado imperialista, Trump, y con la complicidad de la policía y otras fuerzas regulares de represión. Una farsa de la “marcha sobre Roma”, que no se proponía tomar el poder en una suerte de autogolpe, sino llevar a cabo una demostración de fuerzas para marcar el terreno al establishment que dirige la democracia imperialista, empezando por la elite del propio Partido Republicano que acababa de romper con Trump al negarse a rechazar la certificación de Biden como presidente electo por mandato del colegio electoral. Es claro que, luego de perder la segunda vuelta para elegir los 2 senadores del estado de Georgia y por lo tanto el control de ambas cámaras legislativas, la acción del movimiento trumpista del miércoles 6 ha demolido lo que quedaba del PR, uno de los 2 pilares de la democracia imperialista. Ya habíamos comentado en nuestro balance de las elecciones presidenciales que la alta participación electoral dejaba en crisis también al Partido Demócrata, ya que la democracia yanqui está diseñada como un sistema de elites: la toma del Capitolio fue una acción directa, armas en mano, contra esta elite. Y fue impulsada desde el movimiento que llevó a Trump al poder en 2016, con base en sectores pequeñoburgueses y de desclasados y cuyo antecedente fue el Tea Party. Un movimiento claramente reaccionario, que se alimenta en el fracaso del imperialismo en dar una salida a las masas frente a la profundidad de su crisis histórica, que se aceleró en 2008 y se profundizó aún más en 2020 con la pandemia del COVID-19 y la entrada en una nueva recesión.

Pero no debemos olvidar que el año pasado también entró en escena un movimiento de signo opuesto, que puso en cuestionamiento lo que nuevamente vimos el miércoles: el rol de las fuerzas de represión, en particular de la policía, como pilares del Estado imperialista. Aunque sin llegar a derrotar a estas fuerzas, cosa muy difícil sin una intervención decidida del proletariado industrial, la relación de las masas con las fuerzas represivas y de los sectores de clase con el estado, cubiertas por el tenue velo de la democracia imperialista, han quedado completamente expuestas. Las bandas trumpistas rompieron un poco más ese envoltorio de la dictadura del capital que es la democracia burguesa. Y ahora, el problema de la dirección imperialista en crisis es cómo solucionar esa cuestión, más allá de las medidas disciplinadoras que pretenderán imponer demócratas y republicanos para intentar recomponer esta idea de democracia que sirvió, no hay que olvidarlo, como la ideología por excelencia para sostener el rol dominante del imperialismo yanqui en el mundo, justificando todo tipo de intervenciones en América Latina y últimamente las invasiones de Irak, Afganistán, Libia y Siria o el impulso dado a las ofensivas reaccionarias de Israel.

Las tareas que tiene planteadas Biden son arduas, y podemos hacer varias hipótesis de cómo puede desarrollarse la interna en ambos partidos imperialistas y el propio movimiento trumpista. Pero sin duda lo más granado del empresariado yanqui que, a través de sus cámaras patronales por ahora, son el único elemento que ha logrado disciplinar a Trump dentro de un muy limitado orden institucional, son quienes imponen la agenda. Su objetivo es redefinir la relación capital-trabajo profundizando la descarga de la crisis sobre las espaldas de la clase obrera, incluyendo la debacle sanitaria en la que está inmerso el país y las llamadas “concesiones” (entiéndase de los sindicatos a las empresas) para recuperar la tasa de ganancia a costa de las condiciones laborales y el salario obrero. Y una línea mucho más intervencionista en la política exterior, ambos elementos poniendo en el centro la relación con las fuerzas armadas y auxiliares que indicábamos más arriba.

Debemos seguir el pulso de estos desarrollos, pero sin duda es muy importante tener en claro que caracterizar de golpe o autogolpe la acción del miércoles, o livianamente de fascismo sin más a los elementos contrarrevolucionarios que conforman el trumpismo, lleva en su seno el error fundamental de, tras un programa de defensa de la democracia, mantener al proletariado y a los sectores de masas que se expresaron en las calles contra el asesinato de Floyd y otros afroamericanos, atados a la dirección imperialista del PD. Allí cumplen un rol nefasto los Bernie Sanders y los DSA. Por el contrario, el carácter democrático de la lucha planteada es su contenido antiimperialista, lucha que debemos sostener en las semicolonias cuyos presidentes han salido prestos a apoyar a su nuevo amo Biden, salvo el caso grotesco de Bolsonaro, no por paladines de la democracia sino por obsecuencia cipaya.

Los revolucionarios debemos luchar porque en EEUU el proletariado recupere sus sindicatos de manos de la dirección contrarrevolucionaria de los Trumka y demás burócratas. La tarea es enfrentar a su propio Estado imperialista, apoyando la lucha de liberación nacional de los trabajadores y pueblos semicoloniales en todo el mundo. Luchando también contra las consecuencias de las malas condiciones de salubridad en los lugares de trabajo en medio de la pandemia, contra los despidos, el desempleo y los recortes de salario y conquistas a partir de un programa de transición y, retomando las mejores tradiciones de la clase obrera norteamericana: las tomas de fábrica, los piquetes de autodefensa y la huelga. No se tratará de luchas meramente económicas, ya que la dinámica planteada por la situación hace necesario que, desde el minuto uno, se plantee el problema del armamento, de cómo desarmar al enemigo y del enfrentamiento al Estado burgués. Desde la TRCI luchamos denodadamente por aportar a construir un Partido Obrero Revolucionario en EEUU, que será una de las secciones pilares de la cuarta internacional reconstruida. Insistimos en la urgencia de organizar una Conferencia Internacional por la reconstrucción de la IV internacional, donde las corrientes que defendemos el programa de la dictadura del proletariado pongamos en marcha la gigantesca tarea de comenzar a saldar la crisis de dirección revolucionaria de nuestra clase.

 

COR Chile – LOI Brasil – COR Argentina

 

Luego de que a inicios del año pasado amplios sectores de la juventud fueran protagonistas del boicot a la PSU, logrando la suspensión de la evaluación en varios recintos, recibiendo la ardua represión de carabineros, este año debuta la misma prueba con otro nombre, donde se retiran algunas preguntas y se ponderan algunos puntajes con la intención de esconder el carácter elitista y segregador, o sea burgués, del sistema educativo.

No sólo un cambio de nombre de una prueba que se volvió a dar con los recintos educativos blindados por todo el personal represivo, en una clara señal de que la juventud sigue siendo significada como un estigma conjurable para el Estado, sino que fue blindada por el propio gobierno quien trató de mostrar una supuesta “normalidad” de este proceso de selección excluyente. Así el ministro Belollio salió preventivamente a denunciar los posibles llamados a la “violencia” contra quienes deseen ejercer su “derecho de poder entrar a la universidad”, para corregir esta frase más tarde por el “derecho a postular a la educación superior”.

No conforme con esto desde el DEMRE se instruyó que se realizara listas negras con aquellos estudiantes que osaran manifestarse llamando al boicot a esta prueba, dejándolos excluidos de tanto de la rendición como del acceso a la educación superior junto, claro está, con la persecución “judicial y penal” correspondiente.

Y lo hicieron efectivo, cientos de jóvenes se manifestaron, muchos de la agrupación ACES, con barricadas y con la toma de las dependencias del DEMRE, fueron reprimidos, golpeados y encarcelados, para luego cínicamente llamarlos al “diálogo”, queriendo mostrar un rostro humano de un gobierno asesino.

Y es que luego del desvío constituyente el Estado endurece su persecución a los que luchan para seguir poblando las cárceles de presos políticos.

En la educación, generación tras generación se ha manifestado la descomposición de la misma sociedad de clases con ese sesgo evidente entre las escuelas para pobre o escuelas para ricos, algo que con el desarrollo de la pandemia se acentúa, entre quienes tienen educación particular y quienes ni siquiera poseen los recursos para la educación online. Y es en este contexto que se realiza esta PTU donde la falta del derecho a la educación se entrecruza con la falta del derecho al trabajo, siendo excluidos de las escuelas y universidades, y teniendo como presente y futuro la cesantía y la precariedad laboral.

No se trata ya de la mentada “gratuidad” por la que se luchó primeramente y que terminó en un conjunto de becas miserables en la farsa del gobierno de la Nueva Mayoría y la cooptación de la “bancada estudiantil” del Frente Amplio-Concerta-PC (este último desfinanciando y destruyendo la universidad Arcis, no olvidemos). Y es que una y otra vez se insiste en el estatismo educativo. Se apunta a que mayor o mejor educación en manos del Estado se convertirá a ésta en un derecho. Ahí es donde el ejército de reformadores de la pequeñaburguesía que postulan a la comisión constituyente se pavoneará con este slogan. A esto también apunta la demanda de “acceso universal” o de conquistar un “sistema articulado” del sistema educativo en su conjunto, mientras los hijos de la clase trabajadora siguen siendo excluidos de la misma. Hoy la crisis del capitalismo agrava esta situación en particular en los países semicoloniales incluidos aquellos que tienen un fuerte aparato educativo estatal gratuito que se cae a pedazos al mismo ritmo que son expulsados millones de jóvenes del aparato educativo y son predispuestos como mano de obra barata. E ahí el carácter de burgués de la educación que se deriva del carácter de clase del Estado.

El derecho a la educación y al trabajo se conquistarán mediante la lucha. No será con reformas cosméticas al Estado que resultará en que lo que den con una mano lo que saquen con la otra.

La lucha debe ser por abrir las puertas de escuelas y universidades al conjunto de la clase trabajadora y sus hijos. La juventud encendió la chispa que levantó en Octubre del 2019 a millones en una semiinsurrección espontánea. Hoy, es la juventud la llamada a preparar el escenario del ingreso de la clase obrera organizada, de la organización de sus destacamentos juveniles. Tomemos las escuelas y universidades como centros de debate y organización, como laboratorio de conciencias revolucionarias, como impulso a la necesaria organización de nuestra clase.

Comencemos por redoblar los esfuerzos por liberar a nuestros presos.

Sábado, 19 Diciembre 2020 12:19

XIV Congreso ordinario de la COR 2020

Publicado el 10 de diciembre de 2020 en www.cor-digital.org
Los días 5 y 6 de diciembre realizamos el XIV Congreso de la COR en Buenos Aires con delegados de distintas regionales y delegaciones de la TRCI de COR Chile y LOI Brasil.

El Congreso fue presencial, ya que consideramos que era un deber de la organización poder debatir en medio de la pandemia las tareas de los revolucionarios y votar una nueva dirección. Fue importante poder reunir a los delegados de las regionales y las delegaciones internacionales para poder intercambiar las experiencias militantes durante la pandemia y debatir las tendencias a nivel internacional y nacional.

En todo el periodo de pandemia, logramos mantener las células funcionando, con reuniones presenciales en las regionales y reuniones virtuales nacionales, ante las restricciones. Eso nos permitió afianzar aún más la organización en la concepción de partido leninista de trabajo legal e ilegal. La realización del Congreso de forma presencial fue la conclusión lógica de nuestra política como partido.

Tanto en el plano internacional como nacional avanzamos en la necesidad de profundizar un debate sobre el balance de la pandemia y la crisis mundial en el sistema capitalista, lo que nosotros llamamos un ensayo general reaccionario.

Debate sobre el punto internacional

Hemos vivido en estos meses, producto de la pandemia, un proceso de masas a nivel mundial donde se vio de forma descarnada lo que es el sistema capitalista y sus formas de dominación. La aparición del virus aceleró las contradicciones de la crisis mundial y produjo un sinfín de crisis políticas en los distintos Estados y semi Estados. Se mostró el rol de los Estados para salvar sus sistemas de salud, a sus bancos y empresas, en detrimento de las condiciones de vida de millones de trabajadores.

Asistimos a un control estatal reaccionario en un momento histórico de decadencia de los Estados burgueses. Esa contradicción histórica temporal cruzó todo este periodo, el cual nosotros colocamos entre la descomposición imperialista y los procesos de asimilación de los ex Estados obreros.

Debatimos sobre los procesos de lucha de clases abiertos en estos meses y la acción de los trabajadores en los mismos. Sobre los conflictos en los ex Estados obreros como Bielorrusia, la crisis de la UE y, centralmente, el cambio de gobierno en la principal potencia imperialista, EEUU, con el recambio con Biden y cómo se va a reconfigurar el panorama internacional y la relación con China como eje central. También analizamos la perspectiva de que se abran crisis de deudas en distintos países, ante el exorbitante endeudamiento que provocaron las medidas excepcionales de la pandemia.

Analizamos la situación en Latinoamérica y los desvíos institucionales ante la irrupción de las masas, como en Chile, Perú, Ecuador y Venezuela, donde las sub burguesías intentaron institucionalizar los procesos radicalizado vía elecciones o constituyentes, como en Chile. Estos acontecimientos mostraron la debilidad de las corrientes revolucionarias para poder dirigir y a su vez dejaron en evidencia la adaptación del centrismo a las instituciones burguesas, con sus llamados a votar candidatos burgueses, como a Arce en Bolivia o Boulos en Brasil. También constatamos la aparición de una nueva generación de jóvenes en Latinoamérica y en gran parte en EEUU, que salen a pelear contra los distintos regímenes, sin grandes ataduras al pasado. Aun la clase obrera actúa de forma diluida en estos movimientos, pero es primordial para los revolucionarios hacer consciente esos procesos inconscientes.

Debate sobre el punto nacional

En el terreno nacional, reforzamos el planteo de avanzar en la lucha por recuperar lo que perdimos en la pandemia, ante el ataque brutal de nuestras condiciones laborales y de vida que hizo este gobierno en alianza con la oposición burguesa, los grandes empresarios y la burocracia sindical. Debemos organizarnos contra el ajuste y lo que denominamos “el protocolo FMI”, las directrices del Fondo para garantizar el pago de la deuda. Reforma previsional, laboral y tributaria, más una devaluación son parte del protocolo que quieren imponer. Definimos impulsar asambleas, reuniones y plenarios de base para imponer un paro general.

Algunas de las resoluciones

Votamos varias resoluciones en los puntos internacional y nacional y luego se votó una nueva dirección.

Resolvimos mejorar nuestro sistema de publicaciones y un plan de construcción de la COR para ganar a un sector que se destacó en la pandemia y enfrentó al estatismo reinante.

Reforzamos la tarea de impulsar una Conferencia latinoamericana y una Conferencia internacional con las corrientes que aun levanten la dictadura del proletariado y la reconstrucción de la IV Internacional.

El día 7 de diciembre hicimos una reunión de la TRCI, donde votamos sacar un boletín internacional online e impreso para el año que viene. Y preparar el II Congreso de la TRCI.

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47º aniversario de la revuelta de la politécnica de Atenas

Solidaridad con los estudiantes reprimidos por el gobierno griego

 

            Cada año en Grecia, el 17 de noviembre la juventud y los estudiantes del país salen a las calles para conmemorar la Revuelta de la Universidad Politécnica que en el año 1973 enfrentó a la junta militar que gobernaba el país. Este año, el gobierno de Nueva Democracia encabezado por Mitsotakis lanzó la prohibición de cualquier manifestación en el marco de la nueva cuarentena impuesta ante la llamada segunda ola de la pandemia. Como en todos los países, esta medida reaccionaria, lejos de proteger la salud del pueblo, sirve para defender los sistemas de salud de la burguesía del colapso, sistemas que vienen siendo desmontados por las políticas de ajuste aplicadas por el imperialismo frente a la crisis del 2008 e incluso antes. En el caso de Grecia, el ajuste fue impuesto por la Troika (UE, FMI, BCE) a través de una serie de memorandums, el último de los cuales fue garantizado por el gobierno de Syriza y Tsipras.

            La verdadera cara de la cuarentena es la represión ejercida contra la juventud el pasado 17 de noviembre, con miles de policías en las calles de Atenas para garantizar el orden y la estabilidad de las instituciones del Estado frente a la crisis social y económica que golpean al país, y para frenar la movilización de la clase obrera, sobre todo de sus sectores juveniles, y del estudiantado. La represión de los policía no se limitó a la capital y se desató en todas las ciudades importantes. En Ioánina, al noroeste, los anti-motines atacaron a un grupo de estudiantes, con el saldo de varios heridos, 30 detenidos y 23 estudiantes procesados por diversos cargos, entre ellos varios militantes del OKDE (Organización de Comunistas Internacionalistas de Grecia).

            Nos solidarizamos con los estudiantes y la juventud que en Grecia enfrentan las políticas antiobreras de la UE, el FMI y su propio gobierno frente a la crisis, medidas que pretenden imponer con la represión más cruda y brutal. Nos ponemos a disposición de los jóvenes y los compañeros del OKDE para impulsar una campaña internacional por el desprocesamiento de los 23 estudiantes de Ioánina. Bregamos por la unidad internacionalista de la vanguardia de la clase obrera en todo el mundo, a través de un debate sobre los métodos, el programa y la organización internacional que necesitamos, que para nosotros es la IV Internacional reconstruida, para que nuestra clase pueda imponer una salida obrera y revolucionaria a la crisis capitalista que atraviesa el mundo.

 

Abajo las medidas represivas del Estado griego y del gobierno de Mitsotakis

Desprocesamiento de los 23 estudiantes de Ioánina

 

TRCI – Tendencia por la Reconstrucción de la Cuarta Internacional

 

COR - Corriente Obrera Revolucionaria - Chile

LOI - Liga Operária Internacionalista - Brasil

COR - Corriente Obrera Revolucionaria - Argentina

Miércoles, 25 Noviembre 2020 18:34

NO SEGUNDO TURNO, VOTO NULO!

O primeiro turno das eleições municipais brasileiras ocorreu no último dia 15 de novembro. Nesse pleito, são eleitos prefeitos e vereadores dos mais de 5mil municípios. Desses, 57 cidades ainda terão segundo turno, incluindo 18 capitais no próximo domingo, dia 29.

AS CRISES ECONÔMICA, SOCIAL E POLÍTICA ACELERAM A DECOMPOSIÇÃO DO ESTADO SEMICOLONIAL BRASILEIRO

Essas eleições ocorrem numa conjuntura de aprofundamento da crise econômica e social atravessada pelo impacto da pandemia do covid-19, não apenas no Brasil, mas em todo o mundo, dentro de um processo mais amplo de decomposição do imperialismo. Os efeitos, num país semicolonial como o Brasil, possuem uma dimensão colossal. O país se aproxima das 170mil mortes pela pandemia com os índices de ocupação hospitalar aumentando diariamente. Especialistas em saúde apontam que já estamos em uma segunda onda, quando a percepção é de que ainda não saímos da primeira. A taxa de desemprego bateu novo recorde histórico no trimestre encerrado em agosto, atingindo 14,4% ou 13,8 milhões de trabalhadores buscando emprego. É o maior índice da série histórica iniciada em 2012. A inflação oficial está prevista para fechar 2020 em 3,02%, índice que não consegue traduzir o aumento desproporcional dos itens de alimentação básica da população brasileira: cerca de 20% nos últimos doze meses. Em relação à renda, a alimentação já compromete 50% do salário mínimo líquido.

Outros processos atravessam o período eleitoral e demonstram o nível de decomposição do estado semicolonial brasileiro e da crise social dele advinda. O Amapá esteve nos últimos 22 dias com interrupção no fornecimento de energia elétrica após dias de apagão total causado por um incêndio na subestação do estado. A compra emergencial de geradores termoelétricos, acionados pelo próprio Bolsonaro, apenas 17 dias depois do incêndio, não foi capaz de garantir o fornecimento de energia, explodindo parte da rede elétrica no dia seguinte. A situação no Amapá, que possui 85% do fornecimento de energia nas mãos da empresa LMTE, exemplifica a deterioração decorrente da privatização do fornecimento de serviços essenciais, como a Eletrobrás cujo avanço na privatização segue parado no Congresso. Os protestos foram intensos, cerca de 120 nos últimos 20 dias, assim como a repressão policial ordenada pelo prefeito Clécio Luis (Ex-PT, ex-PSOL e atualmente sem partido) e o governador Waldez Góes (PDT).

O assassinato de João Alberto, espancado dentro do estacionamento do Carrefour em Porto Alegre por seguranças (sendo um policial militar) no último dia 19, longe de ser um caso isolado, é expressão da estrutura racista de uma semicolônia cujo aparelho repressor do estado é herdeiro direto da ditadura militar. Só no primeiro semestre deste ano foram 3.148 mortos nas mãos da polícia (em serviço ou em folga), mesmo com as restrições de fluxo impostas pelas políticas de isolamento. O extermínio de jovens negros e periféricos pela polícia é uma política de um estado semicolonial cada vez mais bonapartizado, concretizado no recrudescimento do controle e da repressão das massas e, sobretudo, da classe trabalhadora. O assassinato de João Alberto transformou o Dia da Consciência Negra num dia de protestos em todo o Brasil, com ações radicalizadas nas lojas do Carrefour, apesar da tentativa das direções de fazer campanha eleitoral e celebrar o aumento da representatividade da população negra na política parlamentar. Longe de poder ser resolvido por uma “boa administração” desse estado com políticas de “humanização” da polícia, essa política de estado demanda uma luta independente dos trabalhadores pelo fim dessa instituição e pela destruição desse estado burguês. Coloca na ordem do dia, a luta pela saída de policiais de nossas centrais sindicais, a denúncia de correntes centristas abrigadas em partidos políticos com policiais em suas fileiras e a questão da organização da autodefesa como imprescindível dentro dos nossos organismos.

“CENTRÃO”, BOLSONARISMO E PETISMO: A ÚNICA DERROTA É DA CLASSE TRABALHADORA DILUÍDA NAS ELEIÇÕES BURGUESAS

O primeiro turno das eleições acabou com uma porcentagem recorde de abstenções, 23,1%. O que já era esperado por conta da pandemia, mesmo o voto sendo obrigatório. Porém, somando-se os votos brancos e nulos, a porcentagem de pessoas que não votaram chega a 30,6%. Em 112 cidades, o índice de abstenção ultrapassou os 30%. Em grandes capitais como Rio de Janeiro e São Paulo não foi diferente. No Rio, com abstenção de 32,79%, a soma de votos brancos, nulos e abstenções chegou a 2,2 milhões enquanto a soma de votos destinados aos 4 candidatos mais votados foi de 2,1 milhões. Em São Paulo, 3,6 milhões de eleitores não votaram, enquanto a soma dos dois candidatos mais votados chega a 2,8 milhões. Apesar das comemorações do Ministro do TSE, Luís Roberto Barroso, a participação nas eleições foi longe de ser massiva, uma tendência apontada nas últimas eleições também.

Os resultados do primeiro turno trouxeram para os partidos burgueses do chamado “centrão” o maior número de prefeituras conquistadas. Progressistas, Republicanos, PL, PSD e MDB ficaram com 49% dos municípios que já elegeram seus prefeitos no primeiro turno. Analistas burgueses consideram que o auxílio emergencial foi um fator importante para o voto nos partidos do centrão fisiológico. Outros apontam que a proibição das coligações, as campanhas mais curtas e restritas por conta da pandemia favoreceram a manutenção de políticos conhecidos, de partidos tradicionais, numa espécie de rejeição à “nova política”.

O PSL, partido que abrigou Bolsonaro e que mais cresceu em relação ao número de votos em 2018 (mais de 11milhões), obteve um resultado pífio nas eleições municipais. Com 2,79 milhões de votos, elegeu apenas 90 prefeitos das 713 candidaturas e 1,2 mil vereadores das mais de vinte mil candidaturas. Bolsonaro, que segue sem legenda, apoiou abertamente 12 candidatos a prefeito durante a campanha e apenas 4 desses se elegeram ou estão no segundo turno, sendo o Crivella (Republicanos) o único dos apoiados por Bolsonaro que segue, no segundo turno, dentre os maiores colégios eleitorais brasileiros, o Rio de Janeiro. Ainda que não tenha conseguido emplacar candidatos nas prefeituras, Bolsonaro não está derrotado para 2022, como afirma o reformismo que fez a campanha para “responder Bolsonaro nas urnas”. É muito mais provável que o “bolsonarismo” se aproxime, ao longo destes dois próximos anos do fisiologismo do centrão após o resultado destas eleições, movimento já iniciado por Bolsonaro neste ano e que pode acelerar-se agora, inclusive, pela derrota de Trump nos EUA.

O próprio reformismo, especialmente do PT, também não conseguiu converter, como oposição ao Bolsonaro, sua campanha em resultados animadores. O PT ficou com 179 prefeituras, sendo apenas 2 capitais, número muito próximo do seu resultado em 2000 (2 anos antes da primeira eleição de Lula) e bem abaixo das 644 prefeituras conquistadas em 2012. No ABC paulista, reduto histórico petista, incluindo a “cidade de Lula” – São Bernardo do Campo, os candidatos petistas não chegaram nem ao segundo turno.  Já o PSOL saiu fortalecido dessas eleições. Ampliou suas bancadas em cidades importantes como São Paulo e Rio de Janeiro e disputa o segundo o turno em duas capitais: Belém e São Paulo. O partido abraçou uma agenda “liberal progressista” amparada nos movimentos identitários, tendência iniciada já em 2018 com as candidaturas coletivas, muitas inclusive financiadas por fundos empresariais de formação de lideranças, como a bancada ativista eleita por SP à Câmara Federal.

Boulos representa o fortalecimento do PSOL nestas eleições, ao chegar no segundo turno em SP, maior colégio eleitoral do Brasil e principal centro econômico. Sem campanha na TV, apostando na internet e na militância jovem nas ruas, o candidato e líder do Movimento dos Trabalhadores Sem Teto (MTST), ultrapassou o candidato bolsonarista Russomano, que aparecia como primeiro colocado nas pesquisas e agora disputa com o atual prefeito da cidade Bruno Covas (PSDB). A última pesquisa apresentada já aponta a diminuição da diferença entre Covas e Boulos nas intenções de voto, demonstrando que tem sérias chances de ganhar. Para chegar nesse resultado, Boulos parece ter aprendido bastante com Lula e o PT: abandonou o “radicalismo” da imagem associada ao movimento, reuniu-se com a Associação Comercial de São Paulo para fornecer garantias e espalhar para os quatro cantos da cidade que não tem nenhum problema e nem vai “demonizar o setor privado”. Afirma que vai investir no “empreendedorismo periférico” e também valorizar e investir na formação da GCM que, segundo ele, foi “desmontada” pela gestão de Covas. Não acenou para a anulação da reforma previdenciária dos servidores e nem com o fim das terceirizações na educação. Seu programa de governo é abertamente um programa de conciliação. E, para o segundo turno, Boulos amplia seu projeto conciliatório selado pelo apoio dos partidos burgueses PDT, PSB, REDE, reformistas como PT e PCdoB e de esquerda como PCB e UP, denominado como “frente democrática por São Paulo”.

O CENTRISMO TROTSKYSTA SEGUE CADA VEZ MAIS ADAPTADO À DEMOCRACIA BURGUESA

Essas eleições demonstraram o nível de adaptação das correntes trotskystas à democracia burguesa. Defendem, desde o início da pandemia, políticas do estado burguês, como a quarentena, como se essa fosse uma política da classe trabalhadora. Essas correntes mergulharam de cabeça no processo eleitoral lançando seus candidatos à vereança e, agora, fazendo campanha para o Boulos. Vale ressaltar, novamente, que no primeiro semestre inteiro, diante da necessidade de respondermos organizadamente aos ataques dos governos federal, estadual e municipal, essas correntes abdicaram da ação direta justificando a necessidade do isolamento e o receio de se confundir com o negacionismo bolsonarista (nitidamente demonstrando a incapacidade de levantar uma política independente), porém, iniciado o período de campanha eleitoral, lançaram-se às ruas diariamente em busca de votos.

O MRT não conseguiu eleger a “bancada revolucionária” em São Paulo, candidatura realizada através de filiação democrática ao PSOL, depois de ter retirado a candidatura para vereador em outras cidades, como o Rio de Janeiro e Santo André; a primeira por ter um policial como candidato a vice-prefeito e a segunda pela coligação do PSOL com o REDE na cidade. A leitura de que a candidatura pelo PSOL é única em cada cidade, foi oportuna para manter a candidatura em São Paulo, ignorando todas as coligações do PSOL com partidos burgueses e “golpistas” ou a defesa do partido a policiais “progressistas” ou amotinados, caracterizados como grevistas pelo partido. Agora no segundo turno, o MRT faz campanha para derrotar Covas nas urnas, mantendo a independência de classe apenas no discurso.

O PSTU apresentou candidaturas próprias em 55 cidades. Em São Paulo, a candidata Vera obteve mais de 50 mil votos válidos. Agora, no segundo turno, chamam voto crítico em Boulos (PSOL) em São Paulo e em Manuela D’Ávila (PCdoB) em Porto Alegre e voto nulo em outras cidades como Fortaleza, Recife e Rio de Janeiro. Outras correntes do centrismo trotskysta no PSOL, como a Esquerda Marxista e LSR, como esperado, já fizeram campanha para Boulos desde o primeiro turno.

É inaceitável que, sob a reivindicação do programa da IV Internacional essas correntes e partidos se lancem no apoio à política de conciliação de classes, abandonando completamente a perspectiva de independência dos trabalhadores e suas organizações em relação ao estado burguês. Dessa forma, também abandonando a reivindicação de um programa transicional à ditadura revolucionária do proletariado, pois como o próprio Trotsky definiu o programa da IV: “seu eixo pode-se resumir em três palavras: ditadura do proletariado”. Não existe atalho pela administração do estado burguês.

NO SEGUNDO TURNO, O VOTO É NULO!

Continuamos reafirmando que a política para os trabalhadores de saída para crise não pode ser definida pelas eleições. O estado é um instrumento de dominação de classe. É burguês e, portanto, inconciliavelmente avesso aos interesses da nossa classe. A democracia e suas instituições expressam o caráter de classe desse estado. A democracia burguesa não é neutra, nem pura. Não se pode preenchê-la com o conteúdo de classe “eleito”. Não à toa, qualquer interesse em administrar o estado burguês fazendo concessões aos trabalhadores só é possível através da conciliação.

O aprofundamento da crise econômica traz a necessidade, para a burguesia, de aprofundar também a exploração dos trabalhadores, especialmente nos países semicoloniais como o Brasil, dominados pela burguesia monopolista. Vivenciamos um período de maiores ataques sobre a classe trabalhadora, de retirada de direitos, arrocho salarial e repressão. É nossa tarefa imediata, portanto, a batalha pela recuperação dos nossos sindicatos da burocracia, para que possamos organizar o enfrentamento desses ataques com independência de classe e com nossos próprios métodos de luta.

Não podemos apostar numa “boa administração” do estado burguês ou uma “menos pior”. Não há saída para os trabalhadores na democracia burguesa. Votemos nulo!  Não queremos aperfeiçoar o instrumento da nossa própria dominação. Queremos destruí-lo, impondo a nossa própria dominação de classe. A política para os trabalhadores só pode ter como centro a necessidade de construção do partido revolucionário que levante o programa transicional à ditadura do proletariado.

Domingo, 22 Noviembre 2020 20:54

Única Solución, Disolución

El accionar de la policía recientemente donde se revela el baleo a 2 niños del Sename , es una muestra más de las miles y miles que constatan el actuar descompuesto de carabineros, institución que no puede reformarse ni refundarse. Este hecho ha provocado la renuncia de Rozas al cargo, la que el gobierno aceptó ya que constituye una medida para descomprimir el odio de la población a esta institución donde la represión se ha generalizado contra el pueblo trabajador e intensificado desde el 18 O.

Surgen las voces de todos los colores políticos pidiendo una reforma o refundación, un acto de lavado de cara y constricción. Y es que la farsa de fraguar un nuevo “pacto social”, de conciliación entre explotados y explotadores, mediante el proceso constitucional, se degradará cada vez más en la descomposición del Estado semi-colonial sino cuenta con el monopolio de la violencia sobre las masas de que garantice dicha refundación nacional.

Se equivocaron también quienes plantearon como solución la renuncia de Rozas. Éste renunció y la función de represión contra la clase obrera y él pueblo para la protección de la propiedad privada de la clase empresarial, la esencia del Estado burgués, continuará intacta por el ejercicio de quién lo reemplace, sólo habrán matices según lo requiera la burguesía, para aplacar lucha de clases del proletariado.

El baleo a los jóvenes del Sename se suma a los cientos de torturados, mutilados y vejados, la utilización de balas, como con el asesinato del joven Anibal Villarrooel, y el recrudecimiento de la represión en la Araucanía, y los operativos de inteligencia que se hacen cada vez descompuestos.

La única perspectiva realista y revolucionaria es colocar como tarea la disolución de carabineros. Tarea que no será realizada por el accionar de la democracia para ricos y sus instituciones. Es necesario que levantemos comités de autodefensa en cada lucha para derrotar la represión del Estado y el actuar de las bandas parapoliciales, como las que actúan en la Araucanía. La experiencia del enfrentamiento contra la represión como las brigadas de emergencia y la primera línea deben extenderse como ejemplo. Nos paramos sobre la experiencia que la juventud desde el cono sur de américa latina, hasta la juventud norteamericana que puedan ser el baluarte la lucha internacional contra el sistema capitalista, poniendo en pie milicias obreras para poner de pie a nuestra clase y preparar la derrota de la burguesía y la destrucción de sus aparatos burocráticos militares.

Las diversas federaciones y sindicatos de la salud anuncian una extensión del paro por mejores condiciones laborales. La medida se suma a la ya tomada la semana pasada que llevó a la paralización de trabajadores de la salud ante las precarias condiciones que les impone el sistema de salud pública, con largas jornadas, no reconocimiento de funciones, etc. Se suma a las movilizaciones realizadas por los TENS, se trata de un sector de trabajadores que ha soportado el peso de la “crisis sanitaria” lo que ha devenido en crisis social y política en el país y el mundo.
El descalabro de los sistemas de salud forma parte del carácter anárquico y explotador del capitalismo, que deja en evidencia que la clase dominante no está interesada en la salud de los explotados, como se muestra en Europa donde ha habido nuevos rebrotes de la Covid 19, y los sistemas de salud se muestran en crisis (como en España, Italia y Francia) como asimismo en Latinoamérica con cifras exponenciales de enfermos y muertos dada la precariedad semicolonial.
Se debe pelear por el fin de los trabajos temporales y precarios, poner fin tercerización, por el pase planta de todos los trabajadores de la salud. Aumento de presupuesto que vaya a salario y condiciones de salud de los trabajadores. Se debe promover la unificación de todos los sindicatos para terminar con la fragmentación de las organizaciones obreras. Recuperar los sindicatos de la salud para ampliar sus funciones y avanzar en imponer el control de los trabajadores del sistema sanitario de conjunto
Estas acciones de lucha pueden ser una importante instancia para impulsar un congreso de delegados de base los delegados de base de hospitales y centros de salud, para discutir un plan de lucha y programa para dar salida a la crisis.

Norteamérica ha votado

La democracia imperialista avanza en su descomposición

 

El martes 3 de noviembre a la noche, los resultados de las elecciones presidencial de EEUU todavía eran poco claros. Sin obtener una victoria aplastante, ni ganar el estado de Florida, los demócratas ya sabían que entraban en el pantano de una elección cuestionada por Trump, que venía preparando el terreno con acusaciones de fraude en el voto por correo desde por lo menos el primer debate. Poco más de una semana después, la estrategia judicial de Trump para impugnar resultados en varios estados viene de fracaso en fracaso, pero no es a nivel legal donde debemos fijar nuestra atención. Biden tiene grandes chances de consagrarse presidente cuando se reúna el colegio electoral a principios de diciembre. Sin embargo, la idea de que ganó con fraude ha calado hondo en un enorme sector de la población y su discurso de sanar las heridas buscando la unidad luego de la polarización extrema que las elecciones reflejaron solo parcialmente no tiene por ahora ninguna perspectiva de asentarse en elementos materiales, algo que solo una salida de la crisis podría brindar.

El sinuoso proceso de crisis política abierto la noche del 3 de noviembre sigue en curso, ya que por el momento la llamada transición está empantanada y Trump y los republicanos no renuncian a desafiar el resultado electoral. Aquí nos limitaremos a señalar algunos elementos de la situación.

 

Trump y el trumpismo no fueron repudiados

Lejos de todos los pronósticos, Trump obtuvo hasta el momento (el conteo continúa en varios Estados) más de 72 millones y medio de votos en la elección. Es el segundo candidato a presidente con más votos de toda la historia, sólo superado por el propio Biden, que obtuvo por ahora más de 77 millones y medio. La diferencia entre ambos es bastante mayor que la que obtuvo Hillary Clinton en relación al propio Trump en 2016, es cierto. Sin embargo, tras casi 4 años en la Casa Blanca, con una política que agitó la polarización política e ideológica, un manejo desastroso de la pandemia y una muy reciente entrada en recesión, Trump conquistó más votos que en 2016 y presenta una base electoral gigantesca que complica las pretensiones de la crema del Partido Republicano (PR o GOP) de ir a un proceso de transición más tranquilo. El trumpsimo no ha sido repudiado en las urnas; por el contrario, ha recibido el apoyo de poco menos de la mitad de la población.

 

El voto masivo señala una crisis de la democracia imperialista

Obviamente, si con semejante cantidad de votos Trump no conquistó la presidencia es porque Biden logró no sólo superarlo en el llamado voto popular, sino que alcanzó diferencias suficientes en los llamados Estados oscilantes (swing states). Esto significa una afluencia masiva de votantes a las urnas, la mayor desde 1908 (participó el 65,7%), considerando los votos hasta ahora contados (participación del 63,9%), pero que podría incluso superarla si se alcanza el 66,5% proyectado. (The Washington Post, 5/11) Cuando Obama fue elegido en medio de la crisis de 2008 con una participación de 61,6% ya habíamos planteado que eso, lejos de mostrar fortaleza de la democracia imperialista, representaba una crisis. Con este nuevo salto en la participación, entra en cuestión la relación de las masas con las instituciones burguesas, en su decadencia, ya que el sistema electoral norteamericano está basado en una democracia de elite. Pero ante el fracaso de esas elites, la irrupción de grandes masas que van a votar genera una contradicción que aún no han logrado solucionar. Esa irrupción en la política desdibuja el rol de las elites organizadas en los dos grandes partidos de la democracia imperialista, el Demócrata y el Republicano, que quedan ambos, luego de cosechar semejantes resultados, en una profunda crisis.

 

Las instituciones de la república pierden sus bases históricas

El desafío que plantea Trump al desconocer los resultados y denunciar el fraude electoral hace crujir la serie de instituciones estatales que conforman la llamada “república” norteamericana. En primer lugar, la relación de la unión federal con los estados y el rol de mediación que juega en las elecciones presidenciales el colegio electoral que elige al presidente. Luego, a nivel federal y en cada estado, el papel de la justicia burguesa y su relación con el resto de los poderes públicos. Llevamos más de una semana de un gobierno en funciones operando sobre estos mecanismos y poniéndolos bajo extrema tensión.

Un sector de los llamados progresistas o socialistas democráticos en EEUU, del cual se hacen eco un numero importantes de variantes del centrismo trotskista, pretenden desarrollar este cuestionamiento en clave de un programa democrático radical, levantando el parlamento unicameral y el fin del colegio electoral para reemplazarlo por el voto directo del presidente. Pero las instituciones políticas son el producto de la historia y en EEUU han servido como un mecanismo estatal para atenuar las contradicciones de clase, en sus laberínticas manifestaciones, como son las tensiones entre el campo y la ciudad, entre diferentes sectores burgueses, y entre éstos y las masas obreras. Luego de la II GM, estas instituciones adquirieron una base de masas más amplia, con la extensión de las políticas del New Deal y la indiscutible hegemonía yanqui en el diseño del equilibrio de la posguerra, basado en su preponderancia en la productividad del trabajo, el fordismo, el dólar, Bretton Woods y sus instituciones como el FMI, el Banco Mundial y la ONU. Quizás estemos asistiendo al choque abierto entre estas instituciones estatales de la principal potencia imperialista, producto de procesos históricos anteriores (independencia, constitución, guerra civil, equilibrio de posguerra), con un desarrollo divergente en las bases de la sociedad y en las contradicciones que en su seno se desarrollan, azuzadas por la irreversible crisis histórica del imperialismo. Si todas estas instituciones funcionaban como un atenuador de las contradicciones sociales, esto estaba basado, como planteaban Lenin y Trotsky, en la posición especial de ciertos países imperialistas en el mercado mundial, esa “grasa” provenía de la expoliación de las colonias, las semicolonias y, más tarde, una relación de tutelaje sobre Europa y Japón. El programa de los revolucionarios no debe orientarse a renovar esas instituciones de la democracia imperialista, lo que además es una utopía desde el punto de vista material e histórico, sino desarrollar esa contradicción entre el desarrollo de la base económica en su dinámica de crisis y la inercia del andamiaje de las superestructuras políticas. Es a partir de estas contradicciones históricas que se producen las revoluciones, los golpes de Estado, las contrarrevoluciones. La tarea es preparar a la vanguardia obrera para ese tipo de desarrollo, oponiendo a las instituciones del Estado imperialista la revolución para destruirlo y la dictadura del proletariado, que plantea una nueva relación con la propiedad socializando los medios de producción.

 

Biden no representa una salida para el imperialismo

Claramente, el proyecto trumpista tenía como eje dar cuenta de esta crisis del equilibrio de posguerra, yendo a un cambio de la orientación imperialista para tomar la iniciativa y trastocar todo aquel andamiaje institucional. Ese proyecto quedó a mitad de camino, ya que Trump modificó varias de aquellas relaciones, pero no consiguió llevarlo hasta el final. La victoria de Biden, además de quedar totalmente cuestionada por la campaña de Trump contra la legitimidad de las elecciones y de la perspectiva de tener el senado en contra (todavía restan definir 2 bancas en Georgia), pone en la Casa Blanca a un gobierno débil también desde el punto de vista de que todas sus propuestas son, por lo menos por el momento, desandar las modificaciones que hizo Trump en 4 años, intentando volver a un statu quo que ya no existe. Ese no es un plan serio de salida a la crisis ni mucho menos. Tener claro que es necesario tener una política más firme hacia China y Rusia para avanzar en la asimilación de los ex Estados obreros no dice mucho si no se responde a la pregunta estratégica que recorre las cabezas imperialistas desde hace por lo menos tres décadas ¿Cómo hacerlo? Por lo pronto, el futuro gobierno de Biden ya ha sido etiquetado por el imperialismo yanqui como un gobierno de transición.

 

La crisis política en EEUU desordena la política mundial

En la coyuntura, lo tortuoso de la transición presidencial a la que le quedan por delante 2 largos meses está profundizando aún más lo que veníamos viendo desde el comienzo de la pandemia y la crisis: al estar el imperialismo yanqui enfrascado en su propia crisis interna, distintos sectores de clase y gobiernos que los representan toman posiciones en el mundo. China avanza en una postura más agresiva (mar de China, conflicto con India, Hong Kong y Taiwán), Turquía desarrolla una agenda propia desafiando a la UE (conflicto con Grecia en el Mediterráneo oriental y Chipre, apoyo a Azerbaiyán en la guerra en Nagorno Karabaj), se producen conflictos importantes intra UE. Existe incluso una preocupación de que Trump tome medidas intempestivas de política internacional en los dos meses que le quedan a su administración. Además de esto, se siguen desarrollando procesos de lucha de masas en varios países del globo, con diferentes contenidos, pero todos bajo la sombra del avance de la crisis mundial y la falta de un norte claro para las diferentes facciones burguesas y pequeñoburguesas.

 

La contención de los movimientos de lucha es solo coyuntural

En cuanto a los movimientos de lucha dentro de los propios EEUU, que pusieron en el tapete todas las contradicciones sociales que se acumulan desde la crisis de 2008 y su grado de profundidad, debemos tener en claro que el desvío hacia las elecciones con la bandera de “sacar a Trump” y el apoyo masivo que los progresistas y el DSA (Democratic Socialists of America) dieron a Biden no significan que estos procesos hayan sido cerrados. Si bien las direcciones de los movimientos probablemente queden cooptadas por el Estado burgués y sus instituciones, las bases históricas y sociales de los mismos siguen sin resolución y podemos prever que explotarán con mayor virulencia, ahora contra un Estado encabezado por los demócratas, cuyo partido ya se vislumbra dividido entre el ala conservadora de la elite política que lo dirige y los sectores que están bajo la presión de los movimientos, como muestra el debate iniciado el día siguiente a la elección sobre la pérdida de sillas en la cámara de representantes (los demócratas mantienen su mayoría, pero con menor margen).

 

La clase obrera sigue actuando diluida

Dos puntos a tener en cuenta en la elección son el apoyo abierto de la burocracia sindical de la AFL-CIO a los demócratas (no es ninguna novedad), pero también de algunos sindicatos que han protagonizado importantes luchas en los últimos años y, por otro lado, tomar nota de que Trump perdió la elección al recuperar los demócratas sus bastiones en las históricas regiones industriales del llamado cinturón de óxido (específicamente los estados de Michigan, Wisconsin y Pennsylvania). Esto último no quiere decir, ni mucho menos, que haya existido una vuelta de campana en las preferencias de los trabajadores industriales de esas zonas. Como siempre, la intervención de la clase obrera en las elecciones burguesas es una intervención de por sí atomizada y diluida, y más cuando no existen candidaturas de ningún partido con un programa de independencia de clase. Más bien, la opción era seguir al bonapartismo de Trump que intenta una “conexión” directa y en términos ya culturales (porque poco quedó del discurso de recuperar las fábricas de la campaña de 2016) o a la conciliación de clase que significa la vieja alianza que une a la burocracia sindical con los burgueses imperialistas del Partido Demócrata. Pero, además, la clase obrera no tuvo un papel como tal tampoco en los procesos de lucha, aunque sí pudimos apreciar la intervención de algunos sindicatos en las movilizaciones por problema racial y contra la policía, experiencias de vanguardia que debemos propagandizar y desarrollar como parte de la elaboración programática de nuestra clase, tomando consignas como echar a la policía de los sindicatos o no transportar represores en los buses. Sin duda, las tareas de autodefensa para enfrentar a las fuerzas represivas e incluso a las fuerzas armadas a través del armamento de la clase obrera es hoy un debate central para todo obrero consciente y para todo revolucionario.

 

Es urgente una dirección revolucionaria internacional

Para que la clase obrera y su núcleo proletario industrial puedan intervenir en la situación, no alcanza con agitar la independencia de clase. Es necesario desarrollar, en base a la experiencia que está ganando un sector de vanguardia en la crisis en curso y los enfrentamientos abiertos, la elaboración de un programa de transición donde el proletariado se postule, a través de su control de la economía y su papel en la administración de las cosas, para dar una salida a la crisis capitalista enfrentando al aparato burocrático militar, cuyo rol no es sólo dominar a la clase obrera de un país, sino mantener la sobrevida del capitalismo en putrefacción en todo el planeta. Enfrentar al imperialismo y al Estado yanqui es una tarea colosal y solo puede plantearse en una unidad de hierro con los trabajadores de Europa y Japón, y sobre todo con los pueblos semicoloniales que luchan contra la injerencia del FMI y de los ejércitos yanquis en América Latina, Medio Oriente, Asia, en suma, en todo el globo. Se tratar de sentar las bases de un partido revolucionario en EEUU, un partido armado con la teoría de la revolución permanente, como sección de la IV Internacional reconstruida. Una vez más, insistimos en nuestro llamado a una Conferencia Internacional de las corrientes y tendencias que defendemos el programa de la dictadura del proletariado para discutir las tareas preparatorias para conquistar este objetivo. La aceleración de la crisis es extrema, nuestros desafíos son urgentes.

 COR Chile - LOI Brasil - COR Argentina

¡LA DEMOCRACIA BURGUESA NO LES SIRVE A LOS TRABAJADORES! ¡VOTO NULO!

Publicado por LOI -Brasil 

La crisis económica que estalló en 2008, sigue profundizándose. La pandemia ha acelerado bruscamente los procesos que abrió, contra los cuales la burguesía no puede mostrar una salida y, sobre todo, el imperialismo no ha logrado, en detrimento de las "recuperaciones cíclicas", revertir el aumento del endeudamiento y la tendencia general de disminución de la ganancia de la producción. Ante el hundimiento de las economías en una recesión de dimensiones históricas, los Estados intensificaron el control de la producción, aprovechando la política de cuarentena, e intensificaron la inyección de créditos y subsidios mediante la expansión y el crecimiento de deudas, que superan los 255 billones de dólares y son cada vez más impagables, lo que apunta a una espiral aún mayor de la crisis, que se dirige hacia la depresión mundial.

Todos estos procesos catalizan la decadencia del imperialismo y sus contradicciones, exacerbadas por la crisis de la pandemia, y empujan a la clase obrera a la barbarie. En consecuencia, continúan en curso la implementación de procesos que redefinen las relaciones de clase dentro de los Estados, con la institución de un nuevo pacto entre el capital y el trabajo, que impone una ofensiva a los trabajadores de todo el mundo, con reformas que amplían la retirada de derechos, hacen más precarias y flexibles las relaciones de producción y reducen el valor de la fuerza de trabajo con despidos masivos.

Como resultado de esta dinámica depresiva de la economía, las disputas interestatales sobre los mercados van en aumento y las crisis políticas internas se profundizan en innumerables gobiernos, lo que demuestra el avance de las feroces disputas interburguesas en curso y, en consecuencia, promueve la erosión de las instituciones del régimen burgués. Los últimos gobiernos son gobiernos en crisis y esta máxima no cambiará de la noche a la mañana. Aquí recurrimos al famoso precepto de Lenin "Vivimos en un período de crisis, guerras y revoluciones", en el que se exponen las contradicciones del capitalismo, que avanza hacia la máxima explotación sobre los trabajadores. Las crisis económicas y políticas han puesto en tela de juicio la llamada gobernabilidad y, en última instancia, el propio régimen. Esto puede verse a través del espectro político de los Estados, desde el imperialismo hasta las semicolonias.

La historia reciente muestra la creciente polarización y las disputas políticas, expresadas en varios procesos. El Brexit sigue experimentando sus contradicciones, se profundizan las disputas intestinas en los EE.UU., la inmensa dificultad del parlamentarismo europeo para definir los gobiernos, las constantes crisis de los gobiernos en América Latina y el estallido de conflictos en varias regiones del mundo, siguiendo el ejemplo de la situación explosiva en los antiguos Estados obreros de la periferia de Rusia.

Este movimiento de crisis empuja por lo tanto los límites del régimen democrático burgués y sus instituciones. Sin embargo, la "democracia" sigue siendo la principal arma de control ideológico, que se encarna en el discurso en defensa del voto y las elecciones. En cada disputa electoral "tenemos el derecho" de elegir quién gestionará mejor los asuntos de los patrones, porque no olvidemos un detalle, casi siempre hay que decir lo obvio, el Estado es burgués y lleva todo el contenido de la clase dominante.

La cuarentena, en este sentido, ha servido como política de Estado mucho más para ahorrar capital que para salvaguardar las condiciones de vida de los trabajadores. Resultó ser una de las principales estrategias del imperialismo para la implementación de una reacción para contener la ola de movilizaciones que estalló en los cuatro rincones del mundo a finales de 2019.

Sin embargo, en detrimento de esta coyuntura, estallaron procesos más radicalizados de lucha de clases, rompiendo incluso las políticas de aislamiento social. Contra esto, los gobiernos en crisis también recurren a su fuerte aparato represivo, en este caso no poco ideológico.

Hoy en día, las manifestaciones contra la represión policial y el Estado racista no han cesado en los Estados Unidos desde el caso de George Floyd. En varios países europeos, hay innumerables manifestaciones contra las medidas de aislamiento frente a la segunda ola del coronavirus. En América Latina también se producen manifestaciones masivas en medio de la violencia policial y de los efectos de las reformas y los planes gubernamentales, Colombia es el mayor ejemplo de ello actualmente. En Indonesia, los trabajadores se organizaron en grandes movilizaciones, fuertemente reprimidas, contra la Reforma Laboral del Presidente Joko Widodo. Como ya se ha mencionado, la periferia de Rusia también explota ante la crisis y el desarrollo del proceso de asimilación por el capitalismo de los ex Estados obreros. En Bielorrusia, el gobierno de Lukashenko sigue siendo cuestionado en las calles y las manifestaciones no cesan. En Kirguistán, los gobiernos no se sostienen y se enfrentan a fuertes movimientos de masas, sin mencionar el conflicto armado entre Armenia y Azerbaiyán.

Estos procesos demuestran la incapacidad de las instituciones de la democracia burguesa para absorber las contradicciones de clase, acentuadas por la crisis, que tienen dos puntos en común, ponen en juego a los gobiernos y escapan al problema de la dirección revolucionaria mundial.  Sólo la intervención organizada y consciente de la clase obrera en estos procesos puede impulsar la lucha hacia la destrucción del Estado burgués como una forma de dominación capitalista.

 

CHILE, EE.UU. Y BOLIVIA: ¿A QUIÉN LE SIRVIÓ EL VOTO?

La historia reciente nos lleva a numerosos ejemplos de procesos electorales/plebiscitarios que sirvieron para evitar crisis políticas y el surgimiento de luchas. En 2020, marcado por la crisis de la pandemia, vimos tres importantes procesos de ascenso de masas que se canalizaron en procesos democrático-electorales burgueses. Chile, Estados Unidos y Bolivia vivieron meses de protestas masivas y grandes movilizaciones en las calles que cuestionaron y enfrentaron a los gobiernos.

En Chile, que experimentó un fuerte ascenso de masas a fines del año pasado, los trabajadores, la juventud y los estudiantes avanzaron en sus filas de manera semi-insurreccional contra las medidas del gobierno de Sebastián Piñera, que en conciliación con el reformismo, estableció un acuerdo de unidad nacional con todos los partidos burgueses y pequeñoburgueses, desde la Unión Democrática Independiente (UDI) pinochetista hasta la coalición de izquierda del Frente Amplio (FA), un acuerdo firmado por "la paz, el orden público, la defensa de la institucionalidad democrática y una nueva constitución". De esta manera, el gobierno de Piñera abrió la puerta para cambiar la Constitución diseñada por el pinochetismo, a la que acudió todo el espectro político del parlamento burgués para ayudar a salvar el gobierno y preservarlo. El plebiscito tuvo lugar el 25 de octubre, cuando una vez más se votó para elegir a los que legislarán para el mantenimiento de las bases del capitalismo.

En Bolivia, el 18 de octubre, tuvimos la elección presidencial, que eligió a Luis Arce, del MAS. Este proceso tuvo lugar un año después de la renuncia de Evo Morales y en medio de agudos procesos de lucha de clases, en los que una pequeña fracción burguesa aliada con el ejército y la policía pudo, mediante la represión, cambiar la relación de fuerza que se había establecido con las masas después de varios años de gobierno del MAS. Estas elecciones son el resultado del acuerdo sellado entre el MAS y el gobierno de Janine Áñez. Fueron las mismas bases del Estado semicolonial boliviano que llevaron a la renuncia de Evo y luego, mediante un acuerdo parlamentario con los despedidos, convocaron a nuevas elecciones.

Es evidente, con esto, que estaban compitiendo para abordar sus diferencias y ver cuál era la fracción más pro-imperialista y quién podía garantizar su forma de dominación. Tal dirección revela el nivel de descomposición de la semicolonia y las fracciones de clase que defienden este estado.

Los EE.UU., por su parte, cerraron uno de los procesos electorales más acalorados entre Trump y Biden. El trasfondo de la situación política de los Estados Unidos es la explosión de la crisis social, cuyos elementos se han ido acumulando en la profundización de las contradicciones de clase ante la crisis sanitaria. Esta situación va en contra de la propaganda de la "recuperación" económica de los últimos años, un discurso disputado por republicanos y demócratas, impulsado por el crédito barato y la política fiscal. Los últimos períodos se han caracterizado por intensas manifestaciones que han estallado contra la violencia policial hacia los trabajadores negros. Las movilizaciones han tomado las calles y no sólo se han realizado y están presentes en la lucha del pueblo negro y en el fuerte cuestionamiento de la institución policial, sino también en varias luchas sindicales, en las que se lucha por recuperar lo perdido en más de una década de crisis económica. En el otro extremo de la lucha de clases, la burguesía defiende la línea de que la clase obrera debe a cambio dar mayores "concesiones" a las empresas ante la recesión actual. La situación se polariza aún más con la aparición de grupos radicalizados por la derecha, algunos armados, que levantan las banderas del racismo, los valores religiosos y la libertad burguesa. Estos grupos son la base dura del voto en Trump, que han recuperado el discurso de la "Ley y el Orden" de Nixon.

Con un recuento ajustado y en medio de las manifestaciones por la continuación del recuento de todos los votos, Joe Biden fue declarado el nuevo presidente de los EE.UU. Hay una atmósfera de celebración y euforia, ya que la "democracia" ha derrotado al trumpismo y su conservadurismo. El hecho es que, independientemente del ganador, no se puede olvidar la magnitud de la crisis en la que están sumidos los Estados Unidos, la línea señalada es un brutal aumento de la deuda pública, en un intento de apalancar el crecimiento, será necesario un mayor gasto, lo que presionará a una disciplina fiscal no muy lejana. Aunque Biden aboga por un discurso más "multipolar" en las relaciones exteriores, sigue la necesidad de que el imperialismo mantenga una política de disciplinar a China para mantener su influencia en la economía mundial.

Gane quien gane, una cosa es segura, habrá un aumento de la crisis social y la ofensiva será dura contra los trabajadores de EE.UU., con un mayor aumento de la represión de los movimientos y luchas de los trabajadores. En este sentido, es fundamental romper con la ilusión de votar, para avanzar con los métodos y la total independencia de clase en la construcción de una huelga general para el necesario enfrentamiento contra cualquier gobierno.

La lucha de clases, por lo tanto, tiene lugar en el abultamiento de la ofensiva de los gobiernos en crisis. A cada movimiento obrero, la burguesía responde recurriendo a sus instrumentos de control de las masas, por un lado, pone en acción la fuerza represiva de su aparato policial y militar, y por otro, como ya se ha dicho, forja ideológicamente la democracia como la principal vía a seguir, señalando el voto como la piedra de toque para la superación de las crisis. En los procesos descriptos anteriormente, de qué sirvió votar si no para que los gobiernos detuvieran los procesos de luchas abiertas en estos países en defensa de los intereses políticos y económicos de la burguesía.

La democracia burguesa no les sirve a los trabajadores, es la dictadura de clase del capital, es la democracia de la pequeña minoría, la democracia de los ricos. Las libertades democráticas nunca han impedido la masacre diaria de la clase obrera, ni el uso de las Fuerzas Armadas para reprimirla en los procesos abiertos de la lucha de clases. Como Lenin defendería, la libertad que no es capaz de emancipar a la clase obrera de la opresión del capital, no es libertad, sino pura demagogia.

BRASIL: ¡EN LAS ELECCIONES MUNICIPALES, VOTO NULO!

En Brasil, desde las últimas elecciones presidenciales, cuando se produjo el ascenso de Bolsonaro, ha habido una fuerte inestabilidad política y aquí también cabe el precepto de que tenemos un gobierno de crisis en crisis. Según las direcciones políticas reformistas (PT/PC de B/PSOL) y centristas, después de 15 años de gobiernos de conciliación de clases del PT, se dio el ascenso del fascismo en la semicolonia, después de que todos los "militares regresaran" y las instituciones democráticas se encontraran bajo ataque. Frente a esto, la tarea central planteada por estos sectores fue la defensa de la democracia, antes no tenían problemas los los trabajadores, después de todo, ellos "estaban representados" en el poder.

Dos años más tarde, la dinámica de la crisis empujó al gobierno al intercambio de favores con el centro y el gobierno actúa en el mismo marco que la "vieja política" de los gobiernos anteriores, avanzando aún más en las condiciones para la aprobación de las reformas. Cabe destacar, por lo tanto, que el fascismo es una forma de dominación imperialista, "la forma más salvaje y abominable de imperialismo", su existencia histórica no es posible en países semicoloniales como Brasil. En los países semicoloniales, la lucha contra el fascismo sólo puede ser la lucha contra el propio imperialismo y no contra las representaciones ideológicas del fascismo.

Dicho esto, también hay que reafirmar que la recesión económica acentuada por la pandemia también ha empeorado la crisis política del país, especialmente el juego de ataques entre el gobierno de Bolsonaro, el Congreso y el Poder Judicial, que expresan las disputas entre las fracciones burguesas, sin embargo, forjan consensos y acuerdos para orientar la agenda de privatizaciones y reformas, ya han profundizado la reforma laboral, ya han hecho la reforma previsional y ahora discuten la reforma administrativa transformando el trabajo estatal en blanco de los ataques.

En São Paulo, los gobiernos de Doria e Covas (PSDB), el segundo de los cuales es candidato a la reelección en el municipio, liderando las encuestas, no hacen nada diferente, avanzando con la privatización, flexibilizando las relaciones laborales y la precariedad de los servicios públicos. Cada vez está más claro que tras la reforma administrativa federal, el centro del ataque son el empleado y los servicios públicos.

Es ante este escenario de inestabilidad generalizada que se celebran las elecciones municipales de 2020 en Brasil. Los datos, a nivel nacional, apuntan a la fuerte caída de la productividad, el aumento del desempleo y la inseguridad laboral, la devaluación de la moneda, la fuga de capitales extranjeros. Por consiguiente, detrás de estos índices, hay una crisis social inconmensurable, con un desempleo de alrededor del 15% y una inflación galopante, un inmenso contingente dejado a la barbarie.

El hecho es que, en medio de una ofensiva sin precedentes de los gobiernos, los trabajadores permanecen aislados, desmovilizados e impedidos de organizarse, porque los sindicatos siguen con la política de inmovilización y guardan silencio ante la crisis que azota a toda la clase. Frente a esto, ¿qué deciden hacer los líderes políticos y sindicales? ¡Defender la democracia burguesa! Llama a los trabajadores a votar.

De esta manera, los burócratas sindicales, más que nunca, se dirigen al parlamento y lanzan candidatos. Este es el ejemplo del presidente del Sinpeem, Claudio Fonseca (CIDADANIA), un aliado que defiende la fracción burguesa que ocupa el gobierno y que a lo largo del año se ha centrado en la reelección para concejal.

En este campo, el reformismo permanece en los marcos de siempre, única y exclusivamente en la defensa de la democracia, de la acción en el parlamento y en las filas de la conciliación con la burguesía para permanecer en el poder. El principal candidato de la línea reformista es Guilherme Boulos del PSOL, que, a su vez, pretende ocupar el puesto del PT. Boulos hace un discurso conciliador y democratizador de la economía. La vieja idea de humanizar el capital. El PSOL, que cabalga en el vacío del petismo, avanza con su plataforma oportunista y orientada al electorado, que no lo diferencia de los partidos burgueses, cerrando coaliciones en varios municipios con los que acaba de llamar "golpistas", siguiendo el ejemplo del PSDB, el MDB y el DEM, por no hablar de la política dirigida a la policía, especialmente en Río de Janeiro.

En el centrismo, el PSTU y el MRT (el segundo retira las candidaturas en las ciudades donde el PSOL ha hecho coaliciones con "golpistas" o tiene candidatos de la policía, pero hace como si que el partido no fuera nacional y mantiene las candidaturas, por ejemplo, en São Paulo) también se zambullen en el proceso electoral y siguen argumentando que una "buena" administración del Estado burgués puede salvar a los trabajadores. Ambos también han terminado sus acciones en defensa de la cuarentena como política de los trabajadores. No tienen en cuenta que es la política que aplica la propia burguesía para salvar el capital y no las vidas. Sus programas para salir de la crisis no salen de los hitos del estatismo exacerbado. Hay que criticar, sobre todo, a las organizaciones trotskistas que se autodenominan "revolucionarias", que se rinden al oportunismo, enmascarando el carácter de clase de la democracia burguesa como forma de dominación.

La política para los trabajadores no puede definirse por las elecciones y la consiguiente disputa por la administración del Estado burgués, alimentando la ilusión de una "democracia pura" cuyo aparato estatal podría estar lleno de un cierto contenido de clase. Los ataques de la burguesía a los trabajadores en su conjunto estarán a la orden del día, independientemente del gobierno elegido para "administrar sus negocios". Es nuestra tarea inmediata, por lo tanto, luchar por la recuperación de nuestros sindicatos de la burocracia, para que podamos organizar la confrontación de estos ataques con la independencia de clase y con nuestros propios métodos de lucha.

 La política para los trabajadores sólo puede tener como centro la necesidad de construir el partido revolucionario que dirigirá el derrocamiento del Estado burgués e impondrá nuestra dictadura de clase. No hay salida para los trabajadores dentro del régimen burgués. Por eso defendemos el Voto Nulo.

 

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