Al conmemorarse dos años de la semiinsurrección de fuerzas elementales protagonizada por diferentes estratos de la clase obrera y la juventud, vemos como este proceso álgido de lucha clases, la burguesía no ha logrado derrotar a las masas trabajadoras, pese a haber ocupado el arsenal represivo del Estado sistemáticamente, y puesto en marcha el desvío con la constituyente.
En esta conmemoración del 18O nos encuentra ante la cercanía de las elecciones presidenciales y parlamentarias, donde la burguesía busca a engañar a los trabajadores y el pueblo.
El gobierno trata de “derechizar la situación” imponiendo el estado de emergencia en la Araucanía, orquestado por una puesta en escena de los grupos de empresarios forestales y camioneros, desplegando gran contingente militar y policial. Esto ante la debilidad del gobierno, que simbólicamente firmó el decreto de militarización de la zona mapuche el mismo 12 de Octubre, pocas horas después de asesinar a Denisse Cortés en las cercanías de la plaza dignidad.
Los ataques a la CC por parte de sectores derechistas no provienen del actuar “ soberano”, y menos revolucionario, de esta institución transitoria del estado burgués, sino más bien cumple el rol de colocar límites a cualquier reforma del aparato que sostiene la dominación imperialista, límites a los cuales se adaptan paulatinamente los representantes de la pequeñoburguesía. Su rol de desvío queda muy bien graficado al dar inicio a la redacción de la constitución el mismo 18-O, intentando dar por cerrado un ciclo de luchas. Muy simbólico es que referentes de las comunidades mapuches en la convención, empezando por la propia presidenta, se sienten cómodamente a redactar la carta magna mientras los militares se despliegan por el territorio y las comunidades mapuches
La Convención fue un subproducto de la irrupción violenta de las masas, del 18-O, con la finalidad de evitar una escalada y la inevitable caída del gobierno de Piñera ante la huelga general del 12 noviembre de ese año. Fue la intervención de la clase trabajadora paralizando el aparato productivo en esa huelga general de carácter semiinsurreccional la que puso al gobierno al borde del precipicio. La burguesía y pequeña burguesía desde la UDI al Frente Amplio, con Boric a la cabeza, blindaron al gobierno mediante el llamado “acuerdo por la paz y el orden público”. Mientras se mantenían las manifestaciones con su carácter heterogéneo, y con el visto bueno del gobierno se sucedieron los muertos, los mutilados, y los presos políticos producto del actuar de las policías, la fiscalía y tribunales.
Arribó la pandemia al país y eso le dio una oportunidad al gobierno en extremo debilitado, para poder sacar a las masas de las calles, mediante la intervención del Estado burgués (siempre reaccionario) con toques de queda, despliegue de personal militar y de carabineros. Así, la política para cuidar las ganancias de los empresarios, quienes multiplicaron su fortuna en la pandemia, fue fortificada con suspensiones, pérdida de derechos en los convenios colectivos, mayor carga laboral, reducciones salariales explotando la fuerza de trabajo inmigrante etc. Para contener la explosividad de una potencial crisis social de alza de la desocupación y la pobreza, tuvo que ceder con los retiros de los fondos previsionales, incrementar la deuda con subsidios estatales, etc. Asimismo vimos el desastre sanitario, con miles de muertes, producto del precario sistema de salud semicolonial, desastre que fue atenuado por el valioso trabajo de los trabajadores de la salud que le pusieron el hombro a la situación con extenuantes jornadas laborales.
Pero también pudimos ver interesantes procesos de lucha y de organización obrera para enfrentar los ataques. Distintos sectores obreros salieron a la huelga por mejores condiciones laborales, sectores del proletariado minero, transportes, supermercados, trabajadores bancarios, etc, que pueden expresar moleculares procesos de organización obrera, etc. Los trabajadores de la salud también han salido a luchar contra los despidos del gobierno que dejó en la calle a miles de trabajadores como si la pandemia hubiese terminado, dejando al ya precario sistema de salud que el capitalismo tolera para los explotados en peores condiciones que previo a la pandemia. Por su parte los trabajadores de la educación vienen de realizar un contundente paro y una masiva movilización ante un ataque directo de Piñera quien vetó un proyecto de ley que restringía despidos por evaluación docente, abordaba las deudas previsionales y la “deuda histórica” que se arrastra de la dictadura militar, entre otros beneficios; lo que debe ser un punto de apoyo para retomar la contundente lucha que dieron en el 2019 retomando los plenarios de delegados impulsando un plan de lucha nacional.
También la juventud ha organizado la solidaridad ante la crisis y la pandemia, ha enfrentado la represión del Estado y ha estado en la primera línea de la liberación de los presos político.
El levantamiento del 18 de Octubre de 2019 es parte de los procesos de masas que recorren el continente, como se diera en Ecuador, Colombia o Bolivia, ante la descomposición del capitalismo y la ofensiva reaccionaria de los Estados y el imperialismo.
La entrada en escena de la clase obrera mediante huelgas generales, aunque aún de forma espontánea y heterogénea, coloca la perspectiva de la intervención del proletariado para dar salida a la crisis de un sistema en decadencia.
Es preciso organizar nuestras fuerzas, recuperando los sindicatos en manos de la burocracia, unificándolo, organizando a la juventud como batallón auxiliar de estas luchas.
La experiencia de los trabajadores y el pueblo con una democracia para ricos ampliada puede ser un primer episodio de la intervención consciente de la vanguardia obrera y de la juventud para luchar por colocar a la clase trabajadora en el poder destruyendo el aparato estatal de la burguesía.
La lucha por una dirección revolucionaria internacional, la reconstrucción de la IV, el partido mundial de la revolución social, es una tarea primordial de las actuales y nuevas generaciones.
18/10/21

Próximamente saldrá a la venta el nuevo número de la Revista Internacional de la TRCI, con un dossier sobre América Latina, en español y portugués. 

El domingo 10 de Octubre, en el marco de la movilización en plaza dignidad contra la militarización en la Araucanía, la libertad de los presos políticos y la exigencia de la salida de Piñera, fue asesinada, en medio de la cruenta represión, Denisse Cortés, activista de la defensoría popular y estudiante de derecho.
Carabineros salió al poco tiempo a decir que su muerte había sido provocada por el lanzamiento de fuegos artificiales de parte de los manifestantes. Sin embargo, según las propias brigadas de emergencia que la atendieron indicaron que el tipo de contusión y esquirlas que tenía, era mas propio de una bomba lacrimógena lanzada a quemarropa sobre el cuello de Denisse. Por otra parte, Carabineros impidió que recibiera la atención médica oportuna en momentos en que se debatía entre la vida y la muerte.
A pocos días de conmemorar dos años de la semiinsurrección del 18 de Octubre, Denisse se suma a las decenas de asesinados por las fuerzas represivas desde entonces a esta parte, como Alex Nuñez, Pablo Marchant, los asesinados encontrados en el incendio de Kayser, Mauricio Fredes y Abel Acuña en plaza dignidad, este último muerto el día del "acuerdo por la paz y el orden público", etc. Una activista más asesinada por la democracia para ricos. A una larga lista hay que contar los cientos de mutilados, con pérdidas oculares, ceguera o con discapacidad motora producto de la represión.
Sintomático es que este asesinato se dio poco tiempo después que Carabineros estrenara "nuevos protocolos" de acción sobre las manifestaciones en un intento de lavarle la cara a esta institución de lúmpenes organizados por el Estado. La convención constitucional, en sus intentos de diseñar una reforma estatal que ponga fin y cierre a un ciclo de luchas abierto el 18-O, también discute la posible "disolución de carabineros". Esta "disolución" no es la de liquidar un aparato represivo al servicio de sostener la dominación capitalista. Le llaman disolución a un posible cambio de nombre, uniforme y organismos de fiscalización "ciudadana". Lejos están de cuestionar la esencia represiva del Estado, como instrumento de la burguesía.
Es necesario redoblar la movilización por conquistar la justicia y el castigo a los responsables, liberar a los presos políticos y enfrentar a la democracia para ricos.
Las organizaciones obreras y de la juventud deben tomar estas banderas de lucha

El gobierno de Piñera comienza una nueva oleada de expulsión de inmigrantes.

El pasado 24 de setiembre carabineros arremetieron contra familias migrantes instaladas en carpas en la plaza Brasil de Iquique, en indignantes condiciones de indigencia, insalubridad y precariedad absoluta. Como es costumbre para este grupo de lúmpenes organizados por el Estado, arremetieron a palos contra hombres, mujeres y niños, dejando lesionados y detenidos. El día posterior una nutrida convocatoria de un par de miles de manifestantes, muñidos con banderas chilenas y cantos “patrióticos”, azuzados por los grupos más reaccionarios, salieron a quemar carpas, enseres y hasta coches de infantes de las familias migrantes. Contradictoriamente una de las manifestantes expresaba que el problema era que “no podemos hacernos cargo de nuestros pobres para que vengan más”.

En su gran mayoría las familias trabajadoras provienen de Venezuela, país del que ha emigrado casi un 20% de su población por las condiciones de subsistencia en que se encuentra.

El mismo gobierno de Piñera fue el que alentó (previo al levantamiento del 18 de Octubre del 2019), de la mano del empresariado, y promocionó a la semicolonia Chile S.A. como el “oasis” latinoamericano al cual llegar. Efectivamente al “país modelo” del patio trasero del imperialismo norteamericano han arribado, en medio de la crisis económica capitalista y la pandemia mundiales, importantes contingentes de trabajadores de distintos países, principalmente de Haití y Venezuela, que ya conforman más del 10% de la clase obrera nacional.

La inmigración ha sido alentada persistentemente desde mediados del 2000 por las 7 familias, enfeudadas al capital financiero internacional y los monopolios imperialista, los dueños de Chile, para disponer tanto de personal calificado como de mano de obra barata dispuesta para todo tipo de atropellos. No es menor que la mayor cantidad de denuncias de abusos laborales en la inspección del trabajo sea de parte de los trabajadores migrantes. Es así que según estudios del 2019 (sin contar los efectos potenciadores de la pandemia) los ingresos de los trabajadores migrantes habían reducido casi un 20% el ingreso salarial por el mismo trabajo, al tiempo que aumentaba considerablemente el índice de desocupados. El “modelo” de país semicolonial es el de profundizar de forma sistemática las divisiones de la clase trabajadora, ya sea mediante la subcontratación, la rotación laboral, la precarización, etc. Esto coronado con una atomización extrema de las organizaciones sindicales capaces de unificar a la clase obrera y empujarla a la lucha.

La descomposición acelerada del capitalismo imperialista, la intervención reaccionaria de los Estado, los reacomodamientos de las burguesías latinoamericanas en medio de la crisis, descargando sus efectos de forma despiadada sobre las masas, el aumento exponencial de la pobreza y la indigencia, las “corrientes” migratorias en distintas partes del mundo (Medio Oriente, CentroAmérica, Asia Central, etc), grafican un decadente cuadro de un sistema que avanza hacia la barbarie.

Las respuestas de la burguesía ante esta situación crítica pasa desde la expulsión, hasta la instalación de campos de refugiados en sus versiones más progres.

El fin de los subsidios estatales, el incremento de la población trabajadora desocupada, el fin de los efectos supérfluos de una recuperación ficticia, pronostican un escenario que puede ser caldo de cultivo para algunas expresiones de xenofobia ante la falta de salida de fondo y el crecimiento de la miseria.

Es preciso que la clase trabajadora intervenga unificando sus filas, unificando a sus destacamentos nacionales e inmigrantes. Los trabajadores no tenemos patria, somos parte de una clase poderosa, de una clase que es por escencia internacional. La lucha contra el imperialismo y las sub-burguesías latinoamericanas (sea Chilena, Venezolana, Argentina, etc) está a la orden del día.

Que las organizaciones obreras se dispongan a luchar por incorporar al aparato productivo a todos los trabajadores desocupados, chilenos o inmigrantes, así como a levantar acciones de solidaridad activa para con las luchas de los trabajadores en los distintos países contra el imperialismo y sus democracias para ricos.

Para ello es necesario también preparar la dirección política internacional de los trabajadores que se ponga como norte la conquista del poder de la clase obrera, destruyendo los aparatos burocráticos estatales de la burguesía. Un partido mundial de la revolución socialista, la IV internacional.

Paso a las luchas de la clase trabajadora y la unidad de sus filas.

Por una Federación de Estados Obreros Socialistas de Latinoamérica

Trabajadores del mundo Uníos

Se cumplen 48 años del sangriento golpe contrarrevolucionario, planificado y orquestado desde el corazón mismo del imperialismo norteamericano, que se dio a la tarea de eliminar a una generación de luchadores, activistas y militantes revolucionarios, aniquilando a su paso todo vestigio de organización obrera.

Este proceso contrarrevolucionario fue acompañado del “plan Cóndor”, una confabulación de las burguesías latinoamericanas que, apoyados en las fuerzas armadas y la asistencia técnica y financiera del imperialismo, vieron en los procesos de lucha y organización de la clase trabajadora y la juventud un peligroso fermento revolucionario que hacia remecer la dominación del capitalismo imperialista.

Las burguesías locales tuvieron una activa participación, como la familia Matte de CMPC, aportando con vehículos, armas y predios para la tortura, asesinato y desaparición de activistas y dirigentes sindicales de sus plantas y de la zona (como lo atestigua la Masacre de la Laja de 1973). El aparato represivo, político y judicial, tapó los muertos y desaparecidos en la impunidad.

La vuelta a la “democracia” no significó otra cosa que la continuidad de la dictadura del capital bajo formas amañadas, maquilladas, edulcoradas del aparato burocrático militar que resguarda la propiedad privada de los medios de producción, la penetración del capital financiero en todos los órdenes de la vida social y económica, así como el control de los recursos naturales y productivos.

Luego de 30 años de democracia burguesa y con varias batallas obreras y estudiantiles mediante, vivimos la semiinsurrección espontánea del 18 de Octubre del 2019. Un levantamiento de las fuerzas elementales de la sociedad, que se enfrentan directamente contra todas las instituciones de la democracia para ricos. Y este proceso tiene un punto culmine el 12 de Noviembre, donde de forma espontánea, dado su bajo nivel de conciencia y organización, interviene la clase trabajadora con una paralización caótica y a la vez contundente, que coloca al gobierno de Piñera al borde de su derrocamiento. Presurosas todas las fuerzas de la democracia para ricos, desde la UDI hasta el FA salen a salvar al gobierno y el ejercicio de la dictadura del capital, con el infame “acuerdo por la paz”. En definitiva es su pasaporte de existencia, el sostenimiento de una farsa de charlatanería y represión.

Así llega un verdadero vendaval de elecciones, debidamente regimentadas, para tratar de “regenerar” lo que le llaman un “pacto social”. Esto no sería otra cosa que el intento de consolidación permanente de la conciliación de clases, de la conciliación entre explotados y explotadores en la sociedad capitalista, dándole espacio en la superestructura política a nuevos personeros provenientes de las capas intermedias de la pequeñoburguesía. Ante la evidente brutalidad de un sistema de explotación en descomposición, la burguesía sabe que no puede dominar de forma directa y debe recurrir a estos sectores para consolidar las formas “bonapartistas” de gobierno. Una característica estructural de los países semicoloniales subyugados al imperialismo, ora apoyados en el aparato militar para ejercer su dominio de forma despótica, ora apoyada en sectores de masas para tratar de regatear migajas con el amo imperialista.

La Convención Constitucional (CC) se forjó en los programas levantados por las generaciones previas, centralmente estudiantiles, que apuntaron a la constitución del 80 el súmmum de todos los problemas. Enarbolaron la bandera de reformas democráticas dejando de lado que dicha constitución no fue más que la escrituración de una relación de fuerzas impuesta nada más y nada menos que por un golpe contrarrevolucionario, por la derrota de la clase obrera  y la masacre de toda una generación militante.

Por medio de sus conflictos internos la CC avanza paso a paso en la consolidación del mismo aparato de Estado que pretende reformar. Se disciplina a las normas establecidas por el “acuerdo 15N”, se estructura como un congreso paralelo (con cargos, asesores, viáticos, etc), recurre al policías, tiras y fiscales (el aparato de Estado) para liquidar a díscolos, aupa en su seno a militantes pinochetistas y genocidas como Arancibia, en un elegante gesto de convivencia democrática.

La existencia de la CC no sólo constituye un desvío de las perspectivas abiertas el 18-O sino que, es verdad, una importante experiencia de amplios sectores de masas con una democracia burguesa “ampliada”. En la época de crisis, guerras y revoluciones, en la fase imperialista donde el capitalismo avanza a su descomposición, no hay cabida para el surgimiento de nuevos Estados, ni para la regeneración de los mismos. La revolución rusa (posteriormente traicionada, deformada y degenerada por la burocracia estalinista) inició la era de la revolución proletaria. Existen y pueden existir etapas en todos los procesos de masas, pero no hay etapas intermedias necesarias a las que recurrir para evadir las tareas revolucionarias de nuestra época.

La intervención de los Estados en la pandemia, junto a la crisis económica, constituyó un ensayo general reaccionario donde la clase dominante “corrió el cerco”, aumentando considerablemente  sus ganancias, intensificando los ritmos de trabajo, los niveles de precarización, desocupación, pobreza, etc. Descargó con creces los efectos de la descomposición del capitalismo.

Es tarea de una nueva generación retomar las banderas de lucha por el socialismo desde una perspectiva revolucionaria.

Ayer, la confianza en el aparato del Estado, llevó a una cruenta derrota al tratar de llegar al socialismo por la vía “pacífica”, por la vía de la reforma y posicionamiento gradual en el aparato de Estado. Las nuevas generaciones surgidas al calor de la lucha del 18-0 aún no han llegado ni a plantearse la perspectiva de la revolución socialista. Un subproducto genuino de importantes derrotas y traiciones, pero fundamentalmente de la crisis de dirección revolucionaria de la clase trabajadora.

Es preciso buscar fortalecer una perspectiva de poder obrero, que significa militar en las filas de nuestra clase. Si algo de particular tiene el “modelo chileno” es el de haber conquistado para la burguesía un alto grado de fragmentación y atomización de las organizaciones obreras, de los sindicatos. Si bien la historia de un país está plagada de particularidades que resurgirán en cada manifestación de la lucha de clases, estas son expresión del desarrollo de las leyes generales del capitalismo de carácter mundial, el cual avanza velozmente en su descomposición, como lo atestiguan los procesos de masas y crisis interestatales que recorren el planeta. En la mecánica de estas leyes es donde debe basarse el programa revolucionario, del cual es parte el programa de transición para llevar a la clase obrera hacia el poder.

Luchar por recuperar lo perdido, enfrentar los ataques burgueses, levantar y recuperar los sindicatos en manos de la burocracia, liberar a los presos políticos, impulsar el control obrero de los medios de producción, es parte de estas pequeñas grandes tareas.

La venganza histórica de nuestra clase, internacional por esencia, no se encontrará en intentar buscar rellenar los “vacíos” del poder formal de la democracia para ricos, sino en los esfuerzos por impulsar la conciencia y organización de la clase trabajadora, y reconstruir su dirección histórica, la IV Internacional, el partido mundial de la revolución socialista.

 A 83 años de la fundación del IV internacional

El 3 de septiembre de 1938, en París, se realizó la conferencia de fundación de la IV Internacional, donde veintiséis delegados representaron a 11 secciones sobre 29 afiliadas (según el informe del Secretariado Internacional). Trotsky no pudo concurrir ya que estaba en el exilio en México. Varias delegaciones no pudieron viajar por diversos inconvenientes, como persecuciones o problemas económicos. Recordemos que el estalinismo buscaba impedir la formación de la Internacional. Uno de los organizadores, Klement, fue asesinado por sus agentes antes de la conferencia y se perdieron muchos documentos importantes. Erwin Wolf y León Sedov, el hijo de Trotsky, también fueron asesinados por la GPU poco antes de la realización de la misma.

Trotsky sostenía la necesidad de la formación de la Cuarta Internacional, con el objetivo de regenerar una dirección revolucionaria ante la debacle de la Tercera.  Se planteó recuperar el internacionalismo ante la reacción que significó la teoría del socialismo en un solo país sostenida por el estalinismo. Él planteaba: “el internacionalismo no es un principio abstracto, es la expresión de un hecho económico”. Quería demostrar que el programa que levantaban los revolucionarios era para luchar contra un sistema mundial y no por particularismos. “La revolución proletaria se levanta tanto contra la propiedad privada de los medios de producción como contra la fragmentación nacional de la economía mundial”, sentenciaba.

La creación de la nueva Internacional se daba en un escenario mundial que se encaminaba a la segunda guerra mundial, después de varias derrotas en procesos revolucionarios, como el español o el alemán, donde el estalinismo mostró ser una dirección contrarrevolucionaria. La tarea era recobrar una continuidad teórica y política del marxismo revolucionario, tan vapuleado en esa época.

La IV Internacional intentó formar una nueva dirección revolucionaria, con un programa de transición, que fue la expresión de las conclusiones de la revolución rusa generalizada para todo un proceso. Planteó las tareas históricas del proletariado para destruir al sistema capitalista.

A 83 años de su formación, las tareas históricas siguen vigentes, pero aún persiste la crisis de dirección revolucionaria que retrasa la revolución mundial y le da una sobrevida a este sistema capitalista putrefacto. Sacar las lecciones programáticas de las distintas tendencias centristas que dirigieron la IV Internacional hasta su virtual desaparición es una tarea necesaria para recuperar el programa de transición de la influencia estatista, sindicalista y reformistas que llevaron a que muchas corrientes degeneraran y se adaptaran al sistema capitalista.

Reconstruir la IV Internacional es intentar saldar la crisis de dirección revolucionaria y preparar la lucha por el poder, recuperar el programa de transición y desplegar la acción revolucionaria ante una crisis mundial que sigue su curso.  Desde la TRCI seguimos sosteniendo la necesidad de una Conferencia Internacional con las corrientes que aun levanten la dictadura del proletariado para avanzar en la tarea de dotar de una dirección revolucionaria a los procesos de lucha de clases que se están produciendo.

Los revolucionarios nos encontramos ante acontecimientos históricos inéditos, como los que estamos viviendo en medio de una pandemia que aceleró los procesos de crisis mundial que veníamos padeciendo: descomposición del imperialismo y de asimilación de los ex Estados obreros. Tenemos herramientas teóricas y políticas legadas del marxismo. La teoría de Marx y Engels, la teoría de la Revolución Permanente, la teoría del imperialismo, la teoría del partido revolucionario, el programa de las Internacionales en sus fases revolucionarias, el Programa de Transición y tantas lecciones programáticas de procesos vivos de lucha de clase.

A 83 años de la formación de la IV Internacional, hacemos nuestra la definición programática de la Cuarta que planteaba Trotsky: La Cuarta internacional se puede definir en tres palabras ¡Por la dictadura del proletariado!

 

COR Chile - LOI Brasil - COR Argentina

Un rebote para un zarpazo

 

Tanto del gobierno cómo de las cámaras patronales a quiénes éste sirve celebran con júbilo el efecto rebote de la economía que en el segundo trimestre arrojó un 18,1% del PIB. Y este festejo no es menor para los grandes empresarios que en medio de la pandemia han visto duplicar el incluso triplicar su patrimonio, lo que constituye una expropiación abierta hacia la clase trabajadora donde el capital, por intermedio de las políticas represivas estatales, intervino en las relaciones sociales para favorecer a la clase dominante la que aprovechó la pandemia para imponer mayores niveles de explotación.

Este "crecimiento", si bien ficticio dado qué se compara con los datos recesivos del 2020, ha estado dinamizado principalmente tanto por un aumento del consumo interno, impulsado coyunturalmente por los subsidios estatales (IFE), por las inestables aperturas sanitarias así como por aumento de las exportaciones del orden de los 23,000 millones de U$, de las cuales dos terceras partes corresponden a la minería. Este impulso de las exportaciones mineras ha estado centrado principalmente en la recuperación económica China que recientemente ha enfriado sus pronósticos de recuperación, así como ha tenido una política activa de liquidación de inventarios del cobre para intervenir sobre los precios que tuvieron una suba del 55%.

La vociferada recuperación de un millón de puestos de trabajo, en su mayoría da cuenta de la reapertura del comercio minorista, servicios, obras de construcción o empresas volcadas al consumo interno, que por lo demás se trata de empleo precario y transitorio. Del mismo modo hemos visto quejarse a los empresarios de que los desocupados no están aceptando trabajo por culpa del IFE. Claramente una familia trabajadora opta por una vida de subsistencia con el IFE que someterse a ser sobreexplotado con extenuantes jornadas a cambio de un salario que apenas es una fracción de este subsidio. Es por lo mismo que ya han comenzado implementar un IFE laboral en una suerte de transición desde una medida de contención, ante la extrema miseria qué dejaba expuesta a las masas trabajadoras a la crisis y a la pandemia, hacia un subsidio directo al empresariado para que puedan seguir pagando salarios de miseria y así poder bajar la masa salarial a mediano plazo.

Ya los economistas burgueses comienzan a hablar de un "sobrecalentamiento" dado el aumento del dólar así como de la inflación. Y más allá de factores puntuales como el precio del cobre, el aumento de los costos de transporte de los bienes internacionales,o la mayor demanda bienes de consumo (mayor liquidez, 60% aumento del circulante monetario); los procesos inflacionarios internacionales, el pronto retiro de estímulos económicos estatales en EEUU, predisponen a la economía semicolonial a preparar un nuevo giro más restrictivo que vaya directamente contra las condiciones de vida del pueblo trabajador. Esto sin mencionar que el aumento del gasto público para financiar subsidios como el IFE lo harán recaer sobre nuestras espaldas.

En suma, el retiro del subsidio universal, el aumento de la precarización el empleo, la consolidación de una desocupación estructural, y el potencial rebrote de la pandemia por nuevas variantes, será el cóctel de crisis que deberemos prepararnos para enfrentar con nuestras propias fuerzas.

 

Peguemos donde les duele, que triunfen los mineros

 

Y es en este escenario de exorbitantes ganancias que los trabajadores salen a luchar votando y haciendo efectiva la huelga cómo los trabajadores mineros. La patronal de BHP minera escondida (la de mayor producción mundial de cobre) se apresuró a responder positivamente al pliego de los trabajadores quienes ya habían demostrado en el 2017 con una extensa huelga su centralidad en la economía. Casi en paralelo salía a la huelga efectiva los trabajadores de la mina Caserones de la japonesa JX, quién se empeña en derrotar esta huelga con la excusa de un bajo desempeño de resultados durante la pandemia. Al mismo tiempo tres de los cuatro sindicatos de la división Andina de Codelco ya se encuentran en huelga dado que la estatal está decidida a liquidar beneficios históricos así como establecer divisiones entre trabajadores nuevos y antiguos. Codelco ha intentado adelantar los procesos de negociación en la mina del teniente lo que ha sido rechazado por los principales sindicatos. Cómo es usual, Codelco pretende imponer las condiciones de explotación obrera como una suerte de vara al resto de la rama minera. El presidente de la Sonami (exgerente de empresas como Angloamerican, BHP y la propia Codelco) Diego Hernández afirma que existe un "límite ético" en el aumento de los salarios ya que no sería "ético", para la burguesía claro está, otorgar aumentos proporcionales a los aumentos de la ganancia empresaria. Y del mismo modo, de forma amenazante, indicó que en el caso de Andina "una huelga larga pierden la empresa y pierden los trabajadores. De alguna manera es un mensaje para los trabajadores de las otras empresas que tienen que pensar muy bien si vale la pena estirar el elástico e ir a la huelga… el próximo sindicato que esté negociando lo va a pensar un poco más".

Desde diversas organizaciones de corte populista se critica y se le resta apoyo a los trabajadores mineros dadas condiciones de privilegio en relación a otros sectores obreros y populares. Y esto es así ya que la penetración del capital imperialista en las semicolonias produce un estrato de aristocracia obrera que suele ser la base de la misma burocracia sindical. Sin embargo es un error colocar al conjunto de los trabajadores de planta en esta categoría, ya que la estratificación de la clase obrera es una de las herramientas fundamentales de la dominación capitalista para dividir nuestras filas. También es importante considerar que la mercancía fuerza de trabajo en esta rama tiene un desgaste inusitado con turnos extenuantes, el aislamiento esclavizante en los campamentos mineros, además de enfermedades mortales como la silicosis. Es por ello que una política correcta para neutralizar las tendencias conservadoras de las capas altas de la clase obrera es impulsar a la cabeza de las organizaciones obreras a dirigentes decididos a luchar por el conjunto de los intereses de la clase trabajadora. Desde ahí recuperar las organizaciones mineras para aliarse a los sectores más explotados de los trabajadores mineros cómo los subcontratados (del orden del 60% de la clase obrera minera), quienes han dado grandes gestas de lucha en su historia, planteando la lucha por el pase a planta permanente, ampliando las funciones de los sindicatos impulsando el control obrero del conjunto de la rama. Es prioritario que estás luchas triunfen al tiempo que se colocan como objetivo la superación de las divisiones entre trabajadores de planta y subcontratados, ocupados y desocupados, dando un golpe de gracia a la base del poder burgués.

Los sindicatos en huelga deben unificar sus asambleas y su pliego y ampliar sus objetivos para torcerle el brazo a los explotadores.

 

Una superficie agitada

 

Se lanzó oficialmente la carrera presidencial. No sólo no hay nada nuevo bajo el sol sino que amplios sectores quedaron huérfanos del "mal menor". Dejando de lado a los tradicionales representantes de los partidos burgueses, de la derecha y la maltrecha concertación, el resto de los candidatos en diversas expresiones de la pequeñoburguesía, no sólo no constituyen salida alguna a los grandes dramas sociales, sino que son opciones nefastas para los trabajadores y el pueblo. Así se puede ver reflejado en el candidato Boric, que con una fraseología "transformadora", se ha mostrado solicito una y otra vez que la clase dominante lo llama a cerrar filas, como fue su participación en el "acuerdo por la paz", una salida del régimen para salvar a Piñera de su caída a manos de la huelga general y emprender un desvío mediante una convención constitucional. Asegurar la paz también implicaba comprometerse a fortalecer las leyes represivas como fue el alineamiento del bloque del FA con la ley antibarricadas. Y es importante señalar que no fue ni la irrupción del 18 de Octubre, ni la masiva movilización histórica posterior la que urgió al conjunto de los partidos, sino el carácter semiinsurreccional de la huelga general del 12 de Noviembre la que paralizando el aparato productivo hizo tambalear los cimientos de la democracia burguesa semicolonial.

Ante esta ausencia del mal menor, o de una expresión aproximada a lo que fue el “estallido”, desde distintos sectores, del MIT, la coordinadora 8M, No + AFP y diversas personalidades político-culturales intentaron sin éxito conseguir posicionar a último minuto la candidatura de Cristian Cuevas, quien salto a la palestra al dirigir una importante gesta de la lucha de subcontratistas del Cobre en el año 2007; lucha que fue bajada por Cuevas, entonces militante del PC, llamando a confiar en el gobierno de Bachelet con intermediación de la iglesia dejando un tendal de despidos. Como la burguesía sí saca lecciones, el gobierno posterior de la Nueva Mayoría, del que fue parte Cuevas, liquidó con su reforma laboral la accesibilidad de crear sindicatos en las subcontratistas y le dió a la patronal la posibilidad de desligarse de las empresas subcontratistas en caso de que sus trabajadores vayan a huelga reemplazándola por otra. Quizás para estas direcciones era más importante el perfil identitario al que apostó Cuevas en su fugaz campaña que las valiosas lecciones de la lucha de clases.

Por su parte, con el fin de presentar candidaturas parlamentarias, se forma el Frente por la unidad de la Clase trabajadora (PTR, MST, FUL, el Porteño). Organizaciones que si bien critican el acuerdo por la paz y la actual CC su orientación durante el proceso post18 fue y es la de impulsar una Asamblea Constituyente. Sus orientación no se dirigen a volcar los esfuerzos militante para organizar a la clase obrera y reconstruir su dirección histórica, la Cuarta Internacional, poniendo en debate un programa de transición hacia la toma del poder, sino que pretenden replicar la experiencia del FITU argentino, como una coalición superestructural, con figuras públicas y proyectos de ley en reemplazo de un programa revolucionario.

 

"El que se ríe se va al cuartel"

 

Una última mención a la CC donde las "rondas de San Miguel", trasladadas de las ágoras universitarias al palacio Pereira (con actores incluidos) convocan a que superemos la lucha entre las clases y la reemplacemos por simbolismos culturales, se va abriendo el paso de su institucionalización burguesa. Ya se estructuró, no como una representación distorsionada o “del pueblo” sino como una copia berreta del congreso con sus cargos, viáticos, asesores y reglamentos de comisión. El MIT, con la única representante de la izquierda revolucionaria en la convención, tuvo el "privilegio" de ser la voz que aclarare a los medios que el edecán de la dictadura genocida de Pinochet (genocida Arancibia) se le permitirá ser parte de la comisión de derechos humanos, aunque no cuando testimonien las víctimas. María Rivera quien es sobreviviente directa de esa dictadura, impulsada por su programa, se adapta progresivamente a la danza de la democracia, vaya modo de "utilizar la tribuna". Claro que para el MIT, no es el carácter de institución ad hoc del Estado burgués lo importante sino que "es la única institución estatal con alguna credibilidad en el pueblo después del 18-O". Si sumamos que resolvieron cambiar "expropiar" por "recuperar" vemos que la adaptación a la opinión pública es un síntoma considerable de centrismo.

 

Este escenario donde los trabajadores salen a la lucha para recuperar lo perdido, y la burguesía se prepara paso a paso para profundizar su ataque contra los trabajadores y el pueblo, es prioritario dirigirse a organizar las filas obreras, recuperando sindicatos, pelear por una Central única, impulsar un congreso de delegados de toda la clase trabajadora, que impulse el control obrero de los grandes medios de producción, unificar a la vanguardia en pro de estos objetivos se vuelve vital. La lucha de clases que en su forma es nacional pero en su contenido es internacional debe preparar nuestras fuerzas con independencia de clases para combatir al capitalismo imperialista en descomposición y dirigir a la clase obrera hacia el poder, expropiando a los expropiadores.

El 21 de agosto de 2021 se cumplen 81 años de la desaparición física de León Trotsky. Las circunstancias de su muerte dan cuenta de la implacable lucha revolucionaria que libró hasta su último día. Pero Ramón Mercader, el agente del estalinismo que le propinó la herida fatal en su casa del exilio en México, lejos estaba de representarse que su acto no haría más que enaltecer al dirigente bolchevique y comprobar que Stalin estaba dirigiendo al primer Estado Obrero de la historia a la contrarrevolución. El estalinismo festejó haber logrado finalmente desembarazarse de la autoridad revolucionaria de la vieja guardia para secuestrar al Estado Obrero y ponerlo a merced de sus intereses. Pero sobre todo festejó la burguesía imperialista, el gran favor que le haría el estalinismo, al asesinar al fundador de la Cuarta Internacional -junto con varios de sus más valiosos cuadros- y así apagar, por lo menos por un tiempo, la luz de la organización internacional del proletariado en un partido cuyo fin es sepultar al capital: la Cuarta Internacional. Pero, la lucha de clases no tolera interrupciones. La situación actual muestra una vez más la justeza de las conclusiones revolucionarias que Trotsky elaboró de los acontecimientos más grandes de la historia hasta su muerte y el filo revolucionario del programa de la Cuarta.

Decadencia capitalista y pandemia

El Programa de Transición comienza sentenciando: “La situación política mundial del momento, se caracteriza, ante todo, por la crisis histórica de la dirección del proletariado. La premisa económica de la revolución proletaria ha llegado hace mucho tiempo al punto más alto que le sea dado alcanzar bajo el capitalismo. Las fuerzas productivas de la humanidad han cesado de crecer. Las nuevas invenciones y los nuevos progresos técnicos no conducen a un acrecentamiento de la riqueza material. Las crisis de coyuntura, en las condiciones de la crisis social de todo el sistema capitalista, aportan a las masas privaciones y sufrimientos siempre mayores. El crecimiento de la desocupación ahonda a su vez la crisis financiera del Estado y mina los sistemas monetarios vacilantes. Los gobiernos, tanto democráticos como fascistas, van de una quiebra a la otra.”

Y, a la luz de los acontecimientos desencadenados por la pandemia del coronavirus SarsCov-2, podemos decir que sigue siendo una caracterización justa. A dos años del inicio de la pandemia, hemos asistido a un curso acelerado de cómo funciona el capitalismo y quiénes son sus garantes y defensores. Pudimos ver en todas partes del mundo cómo los gobiernos burgueses se asentaban en sus Estados para ejercer una centralidad reaccionaria para controlar la situación abierta por el covid, tratando de salvaguardar sus sistemas de salud y los intereses de las grandes empresas industriales, farmacéuticas y de servicios en detrimento de las condiciones de vida de las grandes mayorías.

Nosotros denominamos a esa política un “ensayo general reaccionario”, que fue un intento de dominar la situación en medio de una crisis mundial que la pandemia vino a acelerar. Las cuarentenas, la idea de convivir con el virus, la represión estatal para garantizar los confinamientos, los comités de expertos y tantas cosas que impusieron mediante métodos burgueses para desorganizar aún más al proletariado e impedir que pudiera ni siquiera pensar en imponer sus métodos. Para esto la burguesía contó con la inestimable ayuda de las corrientes de conciliación de clases y en especial de la burocracia sindical a nivel mundial.

El sistema capitalista denudó su verdadero rostro al momento en que se logró aprobar de emergencia algunas vacunas contra el covid. Lejos de asegurar la inoculación de todo el mundo, la gran mayoría fueron acaparadas por los países imperialistas con el fin de reactivar sus economías lo antes posible y usar la “diplomacia de las vacunas” para tener una mayor injerencia en países semicoloniales. Así dejaron a gran parte de la población mundial sin ninguna vacuna. Los grandes laboratorios han sido los grandes triunfadores de la pandemia. Mientras tanto las variantes, como la Delta, siguen propagándose por todo el mundo.

El sistema capitalista mostró por qué está agotado como sistema, ya que no puede actuar en bloque. Si bien puede, en determinados momentos, hacer avanzar alguna rama económica sobre otra, lo hace sobre una anarquía que garantiza una mayor pauperización de las condiciones de vida de las grandes masas. En esta pandemia pudimos ver muchos fenómenos de lucha de clase en contra de las penurias a las que nos querían someter, los procesos en Palestina, las huelgas en Italia, las movilizaciones en EEUU ante el asesinato de Floyd, los procesos agudos en América latina como Chile, Ecuador, Colombia para nombrar algunos.

Estamos viviendo una etapa de descomposición del imperialismo. Los recientes acontecimientos en Afganistán son una muestra flamante. Después de 20 años de ocupación yanqui para una supuesta guerra contra el terrorismo, hoy sus tropas entregaron el poder a los talibanes.

Al mismo tiempo, asistimos a un proceso de asimilación de los ex Estados obreros al sistema capitalista. Y esto ha dado fenómenos de lucha de clases como en Bielorrusia o, más recientemente, en Cuba. Son procesos de restauración capitalista dirigidos por burocracias contrarrevolucionarias, que encuentran resistencia en las masas.

Y quizás lo más importante que hemos presenciado en esta pandemia es la descomposición de los Estados como forma de dominación. La relación de Estado – capital ha entrado en una contradicción histórica.

Completar el programa y ponerlo en marcha

Ante las circunstancias que se presentaron desde la emergencia de la pandemia y, fundamentalmente, ante la podredumbre de las bases del sistema capitalista, sostenemos que el legado de Trotsky nos confiere una base teórica y política para actuar en esta etapa histórica. Tomar esta tarea implica asimilar el método revolucionario que nos enseñó para pensar con nuestra propia cabeza los procesos de asimilación de los ex Estados obreros, la descomposición imperialista y su derrotero en las instituciones creadas para su dominación. Esto, principalmente, para avanzar en saldar la crisis de dirección revolucionaria. En este camino debemos reemplazar el centrismo que influenció a camadas de luchadores por el marxismo revolucionario, para dotar a la vanguardia obrera de un programa transicional que lleve a la construcción de partidos como sección de la reconstrucción de la IV Internacional.

Desde la TRCI impulsamos la necesidad de una Conferencia Internacional con los grupos que aun defiendan la dictadura del proletariado para avanzar en las tareas de los revolucionarios en la etapa.

Hay que derrotar este sistema capitalista, destruir el poder de la burguesía, organizar al proletariado y desarrollar las etapas de la dictadura del proletariado. Hay que expropiar a los expropiadores. Estas tareas se encuentran inscriptas en levantar bien alto las banderas de la Cuarta Internacional, el partido mundial de la revolución socialista.

 

COR Chile - LOI Brasil -COR Argentina

Luego de 24 días de huelga los trabajadores del sindicato Ártica retornan a sus labores.
Luchan contra una patronal que utilizó reiteradamente prácticas persecutorias contra el sindicato, negándose a establecer negociaciones colectivas o directamente despidiendo a los trabajadores sindicalizados. Luego del proceso abierto del 18 de Octubre, los trabajadores, impulsados por sus sectores juveniles, vieron la necesidad de organización y comenzaron a sumarse al sindicato, lo que los llevó al actual proceso de negociación donde plantearon un modesto pliego donde pedían beneficios de colación y movilización entre otras demandas de mejoras en las condiciones de trabajo, entre ellas las de rechazar jornadas laborales extenuantes, de más de 12 horas 7 dís a la semana. La patronal se siguió negando a dar el más mínimo beneficio lo que empujó a los trabajadores a ir a la huelga.
La huelga logró paralizar gran parte de la producción de esta empresa gráfica dedicada a la fabricación de etiquetas, en particular para las embotelladoras de vino. Si bien los trabajadores se mostraron cautos para tomar acciones más decididas desde el inicio de la huelga, a medida que la patronal colocó y luego sacó de forma insultante a los trabajadores propuestas de cierre, los llevó al "día de furia" donde llovieron huevos y palos al enardecerse los ánimos de los huelguistas.
Durante el proceso recibieron la solidaridad de organizaciones y dirigentes sindicales que también han pasado por experiencias similares como en la reciente huelga de Cosmoplas, entendiendo la necesidad de apoyar y fortalecer estas luchas obreras para torcerle el brazo a la patronal. También el sindicato intentó ligarse con las confederación gráfica como con los sindicatos de las productoras de vinos, de quienes lamentablemente no hubo respuesta solidaria.
Algunas organizaciones de la izquierda revolucionaria se acercaron con la intención de que los trabajadores vayan a llevar su lucha hacia la Convención Constitucional, intentando colocar una mediación política en una huelga económica. Esta propuesta fue adecuadamente recibida más bien con apatía de parte de los trabajadores.
Finalmente la empresa, apurados por las pérdidas de producción y los pedidos pendientes, cedió en varios puntos del pliego de los trabajadores como el bono nocturno, el IPC retroactivo, un bono de término, media jornada para los días festivos, y el descuento en 2 años de los días caídos en la huelga, entre otros puntos.
De conjunto el sindicato sale fortalecido de esta huelga logrando instalarse para las próximas batallas ante eventuales represalias o nuevos procesos de negociación. Queda pendiente dar una pelea por tender lazos y unificar las luchas del rubro gráfico para lograr imponer nuestras condiciones a la patronal.
Que las jóvenes generaciones de trabajadores nacidas al calor de las luchas de masas, busquen fortalecer a la clase trabajadora, a su organización y la dispongan a luchar contra el capitalismo.

Para poner fin al bloqueo imperialista y derrotar la política de restauración capitalista del PC, es urgente la intervención de la clase obrera de toda América.

 

El estallido de las protestas en San Antonio de los Baños el último domingo, que se extendieron a La Habana y otras ciudades de Cuba, ha tomado por sorpresa a los desprevenidos. Empezando por el gusanaje en Miami, que salió a reclamar la intervención militar de EEUU a Joe Biden, no solo para aprovechar la crisis sino también asustados al no ver una dirección clara de las protestas. También toma a Biden enfocado en otros problemas, sobre todo domésticos, pero también de política exterior: sus relaciones con América Latina y el Caribe (asesinato de Jovenel Moïse, presidente de Haití) muestran gran desorientación. Por el lado cubano, también el presidente Díaz Canel se mostró completamente desorientado, saliendo con una línea dura contra las protestas para tener que luego reconocer los problemas que legítimamente reclamaban los manifestantes, y llamando a un sector de estos “revolucionarios confundidos”.

La confusión de estas direcciones contrarrevolucionarias se basa en un elemento real: el desorden generado por la pandemia a nivel mundial y la falta de claridad del imperialismo para dirigir un proceso de derrota fulminante de las masas obreras, a partir del ensayo general reaccionario lanzado el año pasado, abre todo tipo de procesos políticos. En el caso de Cuba, debemos considerar las dificultades del proceso de asimilación del ex Estado obrero, que está mostrando, igual que en Bielorrusia y otros países, tendencias al caos capitalista ante la debilidad de la burocracia de ese Estado para dirigir, acentuado este elemento por la propia debilidad de la estructura económica de la isla. La descomposición imperialista dificulta la asimilación, pero no puede frenar el proceso ad eternum, sino que agrava la descomposición y las tendencias al enfrentamiento entre las fuerzas sociales en presencia. Así lo vimos en Europa del Este (Ucrania, Bielorrusia, Georgia), en el Cáucaso (Nagorno Karabaj), en China (Hong Kong), todos con sus particularidades pero que están determinados por toda una etapa histórica signada por un proceso de descomposición de un sistema social que socava las bases de los Estados-nación como forma política. Todo esto, como decíamos más arriba, acelerado por la pandemia del Covid-19.

En el caso de Cuba, es evidente cómo la pandemia golpeó las estructuras estatales de por sí carcomidas por años de putrefacción a partir de la caída de la URSS y el inicio de una transición tortuosa hacia la asimilación capitalista plena, donde la burocracia y una base social ligada al Estado intenta mantener su posición, contra el sector que pretende barrer con esas estructuras con un programa que, más que “patria y vida”, se resume en “semicolonia, sí; 51º Estado yanqui, mejor”. La falta de atención médica, de alimentos y de electricidad, además muestran su silueta espantosa a contraluz de las reformas votadas en el último congreso del PCC, que avanzaron en una devaluación salvaje con la unificación del tipo de cambio. Las condiciones de vida de las masas trabajadores se contrastan con las mercaderías valuadas en dólares expuestas en los negocios para turistas y en los privilegios de la burocracia “comunista”. Estos elementos son el motor de las protestas, de las que forman parte sectores heterogéneos, que han identificado por años las ideas del socialismo y el comunismo con un Estado que en realidad intenta imponer con represión la restauración capitalista. Pero está claro que el bloqueo del imperialismo yanqui, impuesto por décadas con el objetivo de presionar a la burocracia para que acelere las medidas restauracionistas (objetivo que ha cumplido con creces), es la principal causa de las penurias de la clase obrera cubana. Díaz Canel, Biden, el Partido Republicano y los gusanos están todos de acuerdo en llevar hasta el final la contrarrevolución en Cuba.

 

Es urgente la intervención del proletariado de toda América

Para colaborar en la tarea de poner en pie una dirección revolucionaria capaz de enfrentar a las direcciones imperialistas y de la burocracia del PC en Cuba, es necesaria la intervención del proletariado americano, en América Latina y el Caribe y también en EEUU. Porque además es evidente, y se ha comprobado por la experiencia histórica, que el programa de la dictadura del proletariado no puede concretarse en las estrechas fronteras de ningún país latinoamericano, sino que adquiere su forma política en la Federación de Repúblicas Socialistas de América Latina y el Caribe.

Para llevar adelante esta tarea, los revolucionarios debemos pelear en el seno de los sindicatos para que la clase obrera salga a la acción con objetivos claros: ¡Abajo el bloqueo imperialista! Sobre todo en EEUU, debemos imponer la apertura de los intercambios con la isla, con nuestros métodos, la ocupación bajo control obrero de puertos, depósitos y fábricas, la toma del control de los navíos y la confiscación obrera para llevar a Cuba los hidrocarburos, los alimentos y las medicinas y vacunas que necesitan los trabajadores y el pueblo pobre. ¡No a la intervención militar imperialista! Ante el menor signo de amenaza de llevar adelante una intervención militar, impongamos la huelga en EEUU y el paro y ocupación de todas las empresas de capitales yanquis en la región. ¡Abajo la represión de la burocracia del PCC, libertad a los presos! Debemos imponer que los sindicatos latinoamericanos y de EEUU se pronuncien por la libertad de los luchadores socialistas que fueron detenidos el domingo 11/7, entre ellos Frank García Hernández, Leonardo Romero Negrín, Maykel González Vivero y Marcos Antonio Pérez Fernández.

 

Por una dirección revolucionaria internacional

Lejos de lo que postulan los centristas latinoamericanos, no se trata de desarrollar un programa democrático para llevar las demandas de las masas hacia una solución desde el Estado (nacional) con reformas más o menos “radicales”, se trata de regenerar las bases de la revolución cubana con la extensión de la revolución en la región y la instauración de la dictadura proletaria bajo una dirección revolucionaria. El capitalismo está en franca descomposición y no pude ofrecer nada más que represión, en enfrentamientos cada vez más abiertos con la clase obrera, para intentar modificar a su favor la relación entre capital y trabajo con la intención de darse una sobrevida. La necesidad de una dirección revolucionaria internacional, la IV Internacional reconstruida, se hace palpable y no puede ser una simple declamación para los congresos y conferencias partidarias. Tenemos por delante la gran tarea de preparar la reconstrucción de la IV llevando los debates programáticos al seno de nuestra clase, dando batalla política a la burocracia sindical y luchando por recuperar los sindicatos. Proponemos, con nuevo énfasis dados los acontecimientos en Cuba, organizar una Conferencia Latinoamericana de las corrientes que nos reivindicamos por la dictadura del proletariado, para debatir la política, las tácticas y el programa para intervenir en la situación con ese objetivo. Como paso hacia una conferencia mundial que permita a los revolucionarios encarar la tarea del momento: comenzar a saldar la crisis de dirección de nuestra clase, la única clase revolucionaria, la clase obrera. 

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