Se conmemoran 49 años del golpe contrarevolucionario desatado por la burguesía y el imperialismo contra la clase obrera y el pueblo, que persiguió y aniquiló a un sector importante de la vanguardia obrera y juvenil.

El proceso de los 70 se enmarca en un ascenso de la lucha de clases a nivel mundial donde el reformismo de esa época, con la “unidad popular” del PC y el PS, llevaron a las masas a confiar en la vía pacífica al socialismo (vía chilena le llamaban) embaucando al pueblo en la “supuesta neutralidad del Estado Burgués”, la “ supuesta tradición constitucionalista de las FFAA”, la conciliación de clases con una fracción de la burguesía, allanando de este modo el camino al golpe contrarevolucionario. Mientras la clase obrera tomaba el control de la producción, desarrollaba los cordones industriales y se organizaba para el enfrentar el golpe; la política de sus direcciones fue la de la conciliación con la burguesía, la del apoyo incondicional al gobierno, la mantención del parlamento, la del desarrollo del “área social” en la producción como la fórmula estatista para depositar confianza en una transformación reformista del carácter burgués del Estado.

Lo mismo podemos decir de las patas izquierda del Frente Popular como el MIR, que mediante que el “apoyo crítico” al gobierno y mediante golpes de efectos, hacían imposible el desarrollo de la independencia de clases, alejaban a la vanguardia de las fábricas para llevarlas a disputar el “territorio” y debilitaban con ello preparar nuestras fuerzas para la destrucción del estado y la toma del poder.

En el proceso semiinsurreccional que se abrió el 18-O (a 46 años de este golpe) la serie de paros, el desarrollo de las “primeras líneas” como organismos de autodefensa, la extensión de la lucha a las principales ciudades y, en particular, la huelga general del 12 N obligó al gobierno a decidir, para evitar su derrocamiento a manos de las masas, entre desatar una cruenta represión o jugársela por un “desvío democrático”. Este fue el origen del “acuerdo por la paz y el orden público” del 15 de Noviembre que dio inicio al proceso constituyente, donde Boric mostro sus credenciales de tipo confiable para la burguesía.

Por ello el resultado del plebiscito de salida del 04 de septiembre era tan importante para el oficialismo ya que son los partidos que buscaron abiertamente darle un desvío y cierre al proceso que abriera el 18-O.

Mientras se cocinaba este desvío, nos mostraban el rostro de la democracia para ricos desplegada, con estado de excepción en la Araucanía, represión a la juventud, fortalecimiento de las policías, precarización, cesantía, pandemia, caída de los salarios, presos políticos, etc.

El resultado del plebiscito rompe varias ilusiones reformistas que alimentaban este proceso y da por tierra con el fraude que montaba todo el arco del “apruebo” comandado por los políticos profesionales de la burguesía, que hoy se están incorporando de lleno al gobierno. Al mismo tiempo, este “rechazo” de las masas, no elimina ni mitiga los grandes problemas sociales, sino que los agrava, evidenciando la aguda separación de las masas con el aparato de Estado.

La juventud estudiantil ha respondido con organización e importantes movilizaciones. Desde varios sectores, principalmente universitarios y agrupamientos afines a la extinta convención, se insiste en una reedición del proceso constituyente o en el reclamo de una verdadera AC, vale decir, vuelven a poner en el norte la reforma al Estado.

Mientras el gobierno reprime las luchas, se coloca al servicio de los partidos de derecha y del gran empresariado, instala a los personeros de la concertación en los principales ministerios, y va retrocediendo paulatinamente con las “reformas” comprometidas, en el parlamento burgués se cocinan los “bordes” de la nueva reforma constitucional.

El poder de la burguesía reside en la producción. El aparato del Estado garantiza este poder y la dominación imperialista mediante la defensa de la propiedad privada de los medios de producción y el sometimiento de la clase trabajadora y el pueblo. Impulsar el norte de una reforma al aparato estatal para buscar la vía de un “nuevo trato” o “pacto social” entre las clases, para una “redistribución de la riqueza” o de “apertura democrática”, no solo es utópico en el capitalismo en descomposición, sino que es abiertamente reaccionario. Ya sin el norte de la “sociedad socialista”, se vuelve a colocar en escena la política de la “conciliación de clases”.

Pese a que las luchas no pasan en vano, el actual proceso nos encuentra a bastante distancia de la extensión y profundidad política y organizativa que tenía la clase obrera en el proceso revolucionario de los 70’s. Hoy la pelea es por poner en pie a la clase trabajadora recuperando sus organizaciones, expulsando a la burocracia y luchando por imponer un programa de independencia de clase, que parta por impulsar el control obrero sobre la producción. La energía desplegada por la juventud en lucha puede servir para cuestionar el carácter burgués de la educación, forjar las herramientas organizativas de las nuevas generaciones y, abrir con su lucha la entrada en escena de los batallones centrales del proletariado.

Sólo es por medio de la revolución, de la destrucción del estado burgués, y la instauración del poder obrero y de su extensión internacional, que podremos darnos a la tarea de transformar la sociedad de clases hacia la extinción de las clases y del propio Estado.

Se hace más necesario que nunca sacar las lecciones de los procesos nacionales como internacionales, que constituyen un acervo valioso para la conciencia histórica de la clase obrera.

La revancha histórica, que pondrá fin a la impunidad de los genocidas, la justicia para con los asesinados y desaparecidos, la libertad de los actuales presos por luchar, vendrá de la mano de organizar nuestras fuerzas para colocar a la clase obrera de pie hacia la conquista del poder.

Solo un partido mundial de la clase obrera, la IV Internacional reconstruida, puede preservar el legado teórico político e impulsar el desarrollo de la conciencia de clase del proletariado para los futuros combates de nuestra clase.

El resultado del plebiscito por una nueva constitución le dio el triunfo a la opción Rechazo con un 62% de los votos contra un 38% de la opción Apruebo, resultado contundente, ganando la opción derrotada sólo en 8 comunas en todo el territorio nacional.

El proceso constituyente, con la convención constitucional como organismo ad hoc del aparato estatal, fue la salida que optó la burguesía, aquel 15 de Noviembre del 2019, para salvar al entonces gobierno de Piñera de su derrocamiento producto de la intervención semiinsurreccional de la clase obrera en esos días. Todas las alas de la burguesía y la pequeñoburguesía cerraron filas para llevar aguas al molino de la democracia burguesa, mediante una batería de elecciones (plebiscito de entrada, elección de constituyentes, municipales, presidenciales, plebiscito de salida) que haría difuminar la energía desplegada por las masas en las calles, y su encauzamiento en las vías institucionales.

Los “movimientos sociales” y gran parte de la izquierda se metieron de lleno a este proceso que tuvo como resultado la absorción por esta comisión constituyente de gran parte de estos movimientos, provocando su fragmentación y dilución.

Gran parte de los convencionales eran (mal) llamados “independientes” o eran referentes del movimiento feminista, representantes indígenas, por “el derecho al agua”, hasta una convencional de la izquierda (MIT-LIT-CI). Por supuesto que no faltaban los partidos políticos burgueses y pequeñoburgueses (UDI, DC, PS, FA, PC, etc) quienes se encargaban de cocinar las maniobras políticas pertinentes para cuajar la nueva carta magna. Se abocaron desde un comienzo, pese que ya estaba pauteado su funcionamiento desde el pacto del 15N sobre quórums y respeto a los tratados internacionales, a entregar las certezas necesarias a la burguesía y al imperialismo en  la defensa de la propiedad privada, la entrega de los recursos naturales a la explotación privada, etc etc. A partir de aquí incorporaron toda una serie de declamaciones sobre derechos sociales, culturales e identitarios, que iban desde el derecho al trabajo y a la vivienda hasta la protección de los animales y el medio ambiente, pasando por el respeto a la diversidad sexual, etc.

El texto fue presentado por la prensa internacional, y saludado desde distintos lugares por distintas alas de la burguesía (Bernie Sanders EEUU, Podemos en España, Nupes en Francia, etc), como el ejemplo a seguir para salir de las “crisis sociales”. Nuevamente Chile prometía ser el laboratorio para encauzar las crisis de los regímenes políticos; algo ya practicado en otros países de la región (Colombia, Ecuador, Bolivia, Venezuela, etc) pero con mayor significación ante la profundización de la descomposición capitalista y la crisis de los semi-Estados.

Una vez montado este fraude, las mentiras de la democracia para ricos, eran moneda corriente en la campaña electoral de lado y lado. Mientras esto sucedía, se reprimían las luchas de la juventud secundaria y de las comunidades mapuches, se afianzaba la cárcel a los presos de la revuelta, se encarcelaba a nuevos luchadores, se renovaba una y otra vez los estados de excepción militarizando el sur, se aprobaba la ley de infraestructura crítica para sacar militares en caso de huelgas obreras, se tomaban prestamos con el FMI para solventar la especulación y el precio del dólar, se pactaba un salario mínimo de miseria licuado por la inflación (con el auspicio de la burocracia sindical de la CUT), se reprimían luchas como la de subcontratistas de ENAP, se avanzaba en el cierre de la fundición Ventanas, y un largo etc.

Estas eran algunas pruebas de amor de que el texto, ya pauteado y limitado a una declamación (ya que todas sus “bondades” deberían materializarse en leyes o no serían), era no solo completamente inocuo para los intereses capitalistas sino que podía perfectamente ser útil para descargar la crisis sobre las espaldas del pueblo trabajador. Tanto así que en la recta final el gobierno de Boric, en una “nueva cocina”, pacta una serie de cambios (incorporación de los Estados de excepción, restitución de las funciones del senado, etc) cuestionando el mismo texto y extendiendo la idea de que básicamente el texto sí era malo (“no es perfecto”, decían). Así todos los que estaban por la opción Apruebo, se iban disciplinando detrás de todo el arco concertacionista que comandaba la campaña, en lo que había que buscar con lupa que era lo que criticaban los autoproclamados del apruebo “crítico”[1].

De este modo las masas se enfrentaban a la elección de una constitución que no era defendida a cabalidad ni por sus redactores[2].

Son muchos y diversos los motivos que explican el resultado. Pero evidentemente la puesta en funciones de una constitución que no ofrecía certeza sobre ningún cambio, donde las promesas de mejora se diluían en la trastienda de los pasillos del congreso o los ministerios, en medio de un agravamiento generalizado de las condiciones de vida (inflación, cesantía, salarios, etc), dieron expresión a este “conservadurismo” de masas, que optó por quedar marcando el paso en el mismo lugar, agudizando al mismo tiempo su separación del aparato de Estado.

La derecha, la misma que dejó el poder completamente deslegitimada hace menos de 3 años, si bien salió a festinar su triunfo, también le preocupa la contundencia del mismo, ya que la sola opción de rechazo no entrega ninguna respuesta a la crisis que abriera el 18-O y que el proceso constituyente apostaba a desviar y liquidar. Si bien, la crisis, la pandemia, la represión y el mismo proceso electoral burgués, hicieron retroceder al movimiento de masas, los problemas planteados por dicho levantamiento no solo continúan su curso, sino que se agravan a cada paso.
Javier Macaya, presidente de la UDI, indicó que Boric “sigue siendo un interlocutor válido” para el proceso que se viene. Viniendo de un pinochetista que se refiere al “presidente de la república”, expresa la debilidad en la que quedó el gobierno, y al mismo tiempo la maleabilidad del personaje Boric en una genuina expresión del carácter bonapartista pequeñoburgués del gobierno.

Sólo en ese sentido, y por haber apostado su suerte a la del plebiscito, es que la derecha tendrá más influencia en las decisiones del gobierno. Ya se está fraguando un cambio de gabinete donde seguramente tendrán más peso los viejos personeros de confianza de la burguesía, colocando algún que otro concertacionista.

También el acuerdo de cambios a la constitución con todos los partidos desde la UDI al PC, querrán fraguarlo antes del 11 de Septiembre (a 49 años del golpe contrarrevolucionario) porque la vigencia de la “constitución de Pinochet”, sin conseguir acaramelar su vigencia y encubrir la impunidad de los genocidas, genera una situación convulsiva ante una generación que se movilizó para sepultarla.

La pequeñoburguesía en el poder, en los movimientos sociales y en las  directivas sindicales “rotea” a las masas por haber perdido la oportunidad de haber cambiado el legado pinochetista. Mientras se lamen las heridas, se lamentan de la pérdida de cargos y prebendas potenciales que traía consigo la reforma al estado.

Los movimientos sociales llaman a convertir el texto constitucional en una “hoja de ruta”, en un programa, por el cual luchar.

Otros, incluida la izquierda revolucionaria, llaman una vez más a levantar una “verdadera Asamblea Constituyente”, perseverando en este derrotero, colocando a esta institución burguesa como el medio o etapa necesaria hacia la conquista del poder.

La actual situación puede y debe ser aprovechada por la vanguardia obrera y juvenil, para dirigir sus esfuerzos hacia las estructuras, hacia las escuelas, los hospitales, las minas, las fábricas, para disputar un programa de independencia de clase que impulse la intervención de la clase obrera para dar una salida a la crisis. El abandono de los programas estatistas se vuelve una necesidad.

La construcción de un partido revolucionario internacional, que no puede ser otro que la IV Internacional reconstruida, debe ser el norte para poner en pie una dirección revolucionaria a la cabeza de la clase obrera para que ésta se erija como caudillo de la nación explotada y oprimida hacia la conquista del poder.

 

[1] El MIT en una nota petulantemente titulada “Aprendan a pensar”, hace un análisis lleno de generalidades forzadas donde no discute con nadie en particular, endilga el mote de “ultraizquierdistas” a todos aquellos que no estaban con el “apruebo crítico”, donde termina justificando como excepcionalidad, ir siempre detrás de fracciones burguesas. Como buenos discípulos de la tendencia morenista, golpean a la izquierda para ir hacia la derecha. Quizás una pequeña consigna en el acto de cierre concertacionista como “la libertad de los presos por luchar” bastaba para mostrar que era eso de “crítico”, por el contrario, el cierre de filas era absoluto.

[2] Fernando Atria, abogado oficialista, uno de los principales artífices del texto, luego de la derrota señala que el texto, realizado por él mismo, era “unilateral” con “ánimo revanchista” y peca de no considerar a la derecha, vaya voltereta.

Já saiu O Socialista n° 116

 

Aqui o PDF

Acaba de consumarse la prisión del dirigente de la CAM Héctor Llaitul, habiéndolo detenido cuando se encontraba comiendo, en una operación de la PDI en conjunto con fiscalía y juzgados, dejándolo en prisión preventiva por delito de “opinión”, al reivindicar el uso de la violencia contra las forestales y el estado, mediante la quema de maquinaria y toma de terrenos reivindicados por las comunidades mapuches. Ha quedado detenido con prisión preventiva en la cárcel de Concepción por aplicación de la Ley de Seguridad interior del Estado, la continuadora de la “ley maldita”, o ley de defensa de la democracia que a mediados del siglo pasado permitió la persecución de los luchadores sociales, intentó proscribir la lucha de clases (como si se pudiera) y dejó en la ilegalidad al PC. Hoy es el mismo PC en el gobierno que, escudándose en que es sólo un tema judicial, utiliza esta ley para perseguir a los que luchan. Todo para darle a la patronal y al imperialismo un ambiente de casa ordenada para el plebiscito de salida.

Y es que ya comenzó la instalación de la nueva constitución la que espera ser el marco de una “nueva transición” que promueve el gobierno, los empresarios y los partidos del régimen, con el apoyo de la burocracia sindical. Ésta última hace poco invitó al dirigente de los explotadores Juan Sutil a la sede de la CUT para “avanzar”, en la misma línea del gobierno y el proyecto de 40 horas que los empresarios saludaron sin problemas, ya que será gradual, con flexibilidad laboral y tendrán las maneras de recuperar esa plusvalía descargando la crisis sobre los hombros de la clase trabajadora.

Todo una puesta escena estos días mientras tomaban detenido a Llaitul, los canales festinaban, los acólitos de Boric festejaban y hacían gala de la eficacia represiva del gobierno en relación al de Piñera en la captura; después han seguido las alocuciones de la de Ministra Izkia señalando el respeto del actuar de las instituciones, y la separación de poderes, y bla bla. Todo una pirotecnia para ocultar sínicamente que ellos por petición de las empresas forestales, están detrás de la detención, ampliación de querella, invocación de la ley de seguridad del estado para aumentar penas y asegurar la prisión, la represión, los estados excepción en la Araucanía, etc, Así lo dijo claramente Monsalve, dilucidando cualquier duda de que ellos iban a pedir la prisión preventiva .Lo continuó Boric sacando a relucir su conocimiento del manual concertacionista de garrote y cooptación de masas condenando la violencia, y sellando la operación.

Ya las masas comienza a ver lo que será el post 4 de septiembre donde los partidos desde la UDI al el PC se preparan para un gran acuerdo de unidad nacional que, independiente del resultado de apruebo o rechazo, limará aún más la declamativa propuesta constitucional; ya podemos ver con esto la farsa de la “plurinacionalidad” y de cualquier proceso de “autonomía” sin tierras para las comunidades.

La liberación de Llaitul, y de todo preso por luchar debe inscribirse en la lucha para acabar con este sistema capitalista en descomposición. Asimismo, se hace imperiosa la alianza de la clase obrera de las empresas forestales con las comunidades mapuches para luchar por la revolución agraria para resolver el problema de la tierra y la planificación de su producción, así como la lucha conjunta por la liberación de los presos por luchar.

Libertad a Llaitul y los presos políticos por luchar.

Desprocesamiento de los luchadores,

Votemos nulo contra la farsa constituyente y la democracia para ricos.

No próximo 11 de agosto, será lida na Faculdade de Direito da Universidade de São Paulo, acompanhada de um ato, uma carta em defesa da “democracia”. A carta, hoje com mais de 800 mil assinaturas entre sociedade civil, políticos, artistas e empresários, foi elaborada por professores da Faculdade de Direito em resposta aos últimos ataques de Bolsonaro ao sistema eleitoral e às urnas eletrônicas, mais especificamente. No dia 18 de julho, Bolsonaro convocou embaixadores para uma reunião na qual levantou suspeitas sobre a confiabilidade do sistema eleitoral brasileiro. A partir deste fato, todos os seus corriqueiros ataques às urnas eletrônicas passaram a ser qualificados como “ameaças golpistas”. O receio é de que, diante da quase certa derrota nas urnas em outubro, Bolsonaro consiga movimentar sua base mais radical e armada numa tentativa, como uma boa farsa, de “invasão ao Capitólio". Alguns poucos, de fato, acreditam num apoio e ação das Forças Armadas na execução de um golpe e consequente implantação de uma ditadura militar. Dessa forma, crescem os apelos à defesa da democracia contra as “ameaças golpistas” de Bolsonaro.

A FIESP (Federação das Indústrias do Estado de São Paulo) também articulou seu manifesto “Em defesa da democracia e da Justiça” com a Febraban (Federação Brasileira dos Bancos) no qual exalta a “robustez” da nossa democracia e os papéis do Tribunal Superior Federal e do Tribunal Superior Eleitoral como “guardiões” das instituições do estado democrático de direito brasileiro. Essa segunda carta, uma resposta da burguesia para o governo Bolsonaro e seus resultados desastrosos na economia, também será lida no ato da Faculdade de Direito no dia 11 de agosto. Somam-se à assinatura desta carta, as principais centrais sindicais do país, como CUT, CTB, CSB, Força Sindical e Intersindical, não mais disfarçando seu compromisso com a conciliação de classes e com as eleições burguesas, para que possam pleitear (novamente) postos no provável próximo governo de Lula e Alckmin. Assim, para o reformismo abraçado com um setor da burguesia, contra as ameaças golpistas de Bolsonaro, defendem-se as eleições burguesas com voto na chapa Lula-Alckmin. Qualquer outra alternativa é golpismo ou sectarismo. Nenhuma surpresa. Essas direções passaram os últimos dois anos sob a pandemia fazendo palanque eleitoral sobre os mais de seiscentos mil mortos e os milhões de famélicos em todo o país, recusando-se a fazer o enfrentamento organizado, direto e classista, contra o governo Bolsonaro.

Os partidos e correntes centristas também envolvidos nas eleições burguesas sob o "Pólo Socialista e Revolucionário” e cuja política se define, durante o último período, pelas exigências ao estado burguês, hoje adota o discurso da independência de classe para defender a “democracia” sem conciliação com a burguesia, chamando a participação nos atos apoiados pelo empresariado em 11 de agosto.  Para o MRT, a FIESP “tenta se pintar” como defensora da democracia, porém tendo apoiado o “golpe” em 2016 e a eleição de Bolsonaro, definindo aqui um antagonismo entre democracia e golpe. Defende a luta pela “democracia que precisamos” ou uma democracia com “conteúdo democrático dos trabalhadores”, através da luta com “independência de classe e auto organização pela base”. Dessa forma, apresenta e confunde “democracia” com governo, sendo passível a mudança de seu conteúdo de classe, como uma democracia dos trabalhadores. Já o PSTU, apesar de fazer algumas considerações sobre o caráter de classe da democracia burguesa e defender a organização da “autodefesa nas nossas entidades de classe”, afirma que a ultradireita burguesa deve ser derrotada junto com o “sistema” que a gerou e que para tanto é necessário um “programa socialista, operário e revolucionário”. Fica nítido que esse programa não é um programa transitório para aproximar os necessários enfrentamentos à revolução socialista, mas um programa de governo assumido pelo Pólo Socialista; e a conclusão disso é: “por isso é um erro apoiar Lula no primeiro turno”, deixando claro que “entrar em ação com independência de classe” tem um prazo de validade.

Apesar da bravata “independência de classe”, é clara a adaptação do centrismo ao estado burguês, como se a democracia burguesa ainda pudesse desempenhar algum papel progressivo para a revolução socialista. Os programas apresentados como programas de governo “revolucionários” suprimem a luta de classes, a necessidade da revolução socialista e a implantação da ditadura do proletariado, pois ficam nos marcos da democracia burguesa, como se alguma de nossas bandeiras históricas pudesse ser levada à cabo pelo parlamento burguês. Para o centrismo é “revolucionária” a democratização da polícia, a descriminalização das drogas e do aborto, a “gestão” operária e a estatização de empresas sob o estado burguês, bastando para isso, aumentar a bancada de “revolucionários” no parlamento. Em 1920, Trotsky escrevia: “Não sem razão, a palavra ‘democracia’ tem no dicionário uma dupla significação. Por um lado, designa o regime fundado no sufrágio universal e nos demais atributos da ‘soberania popular’ formal. Por outro lado, designa as próprias massas populares, na medida em que tem uma vida pública. Nestes dois sentidos, a noção de democracia se ergue por sobre as considerações de classe.” Dessa forma, é comum dentro dessas organizações, sua pulverização em movimentos sociais e suas pautas, abandonando de vez o programa transitório, que traduz o princípio de independência de classe, à destruição do estado burguês.

Lênin, na famosa discussão com Kautsky, já afirmava: “Um liberal fala naturalmente em ‘democracia’ em geral. Um marxista nunca se esquecerá de colocar a questão: ‘Para qual classe?’.”1 Em 2020, em plena pandemia, já escrevemos sobre os apelos à democracia das direções reformistas e das correntes centristas frente às ameaças de “golpe” de Bolsonaro: “A democracia como contraposição ao golpe fascista, mascara o caráter de classe de ambas as formas de dominação. (...) A democracia burguesa não serve aos trabalhadores, é a ditadura de classe do capital, é a democracia da ínfima minoria, a democracia dos ricos! O fechamento do regime, alentado por Bolsonaro na forma de uma ditadura, tem implicações sérias na organização dos trabalhadores e no aumento da repressão, mas não muda o caráter de classe da democracia burguesa. As liberdades democráticas nunca impediram o massacre diário da classe trabalhadora sob a exploração capitalista, nem a utilização das Forças Armadas para reprimi-la nos processos abertos de luta de classes.”2 (O Socialista, nº 113) Lênin também afirmava que mesmo os estados burgueses mais democráticos tinham brechas constitucionais para jogar suas forças armadas contra os trabalhadores sob a menor ameaça de que estes se levantassem contra a sua opressão de classe. Como é possível defender então a democracia de um estado burguês semicolonial? Para que se transforme em uma democracia mais ampla? Novamente, para qual classe?

A defesa das liberdades democráticas não pode se fundir na defesa da democracia burguesa e no seu aprimoramento através de maior participação de um “conteúdo dos trabalhadores”. Além disso, é preciso reconhecer, como alertou Trotsky, que “o estado democrático burguês não se limita a conceder aos trabalhadores melhores condições de desenvolvimento em relação ao absolutismo; com sua legalidade limita esse mesmo desenvolvimento, acumula e garante com arte a formação dos hábitos oportunistas e dos preconceitos legais no seio das pequenas aristocracias proletárias.”3 (Trotsky, 1920) Tem sido comum, por conta disso, a titubeação dessas correntes nos processos de luta abertos no último período, apelando ao imperialismo nas negociações sobre fechamento de plantas, à garantia do direito constitucional de greve como condição para a mesma e à polícia para garantir a “segurança” nos atos de rua.

À ditadura não se contrapõe a democracia burguesa, porque ambas são expressões da forma de dominação da burguesia. À ditadura do capital é preciso contrapor e impor a ditadura revolucionária do proletariado, única forma possível de dominação da classe trabalhadora. Ao seguir contrapondo golpe e democracia ou democracia e fascismo aos trabalhadores, o centrismo trotskista trai o próprio programa da IV Internacional, resumido por Trotsky em três palavras: ditadura do proletariado. O próximo período, será de intensos ataques do imperialismo agonizante sobre a classe trabalhadora, e o papel dos governos dos estados semicoloniais, sejam mais progressistas ou reacionários, será o de garantir a aplicação desses ataques.

Para nós, trabalhadores, não há atalho pela “gestão” do estado burguês. Queremos destruí-lo! Para isso, é urgente batalhar pela recuperação dos nossos sindicatos e centrais das mãos da burocracia e, internamente, lutar contra a adaptação do centrismo ao estado burguês. Só assim, poderemos organizar o enfrentamento aos governos de turno. Para nós, trabalhadores, a política não pode ser a defesa da democracia burguesa, mas a construção do Partido Revolucionário, sob a IV Internacional, que coloque em marcha o programa transicional à ditadura do proletariado.

“O marxismo que reconhece a luta de classes diz: ao socialismo não se chega de outro modo que não pela ditadura do proletariado. ‘Ditadura’ é uma palavra forte, dura, sanguinária, dolorida, e palavras desse tipo não se jogam ao vento. Se são essas as palavras de ordem que lançam os socialistas, é porque eles sabem que senão por meio de uma luta encarniçada e implacável a classe dos exploradores não se renderá e tratará de encobrir com todas as palavras bonitas sua dominação.”4 (Lênin, 1919)

 

 

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1. A Revolução Proletária e o renegado Kautsky. Lênin, 1918.

2. Democracia pra quem? O Socialista, nº113, 2020 (http://trci-web.org/pt/loi-brasil/item/250-democracia-pra-quem.html)

3. Terrorismo e Comunismo: o anti Kautsky. Trotsky, 1920.

4.  Como enganar o povo com as palavras de ordem da liberdade e da igualdade. Lênin, 1919.

Votamos nulo contra la democracia para ricos
Organicemos nuestras fuerzas

[Boletín #31, El Nuevo Curso, Descargue el PDF]

Se acerca el 4 de septiembre donde mediante el plebiscito de salida del proyecto de nueva constitución, se pretenderá dar vuelta la página al proceso iniciado con la semiinsurrección espontánea del 18 de Octubre del 2019; que contó entre sus grandes hitos una huelga general (12 de Noviembre) donde la intervención caótica pero decidida de la clase obrera forzó a todas las tendencias políticas de la burguesía y la pequeñoburguesía a cerrar filas en el “acuerdo por la paz y el orden público” del 15N para salvar al gobierno de Piñera y, junto con él, poner a resguardo a la democracia para ricos.
El plebiscito también se da en el marco de debilitamiento del gobierno de Boric, el cual ha ligado su suerte al resultado, pese a prever un escenario adverso de triunfo de la opción “rechazo” promoviendo una reforma.
Al poco andar de su gobierno ya consiguió demostrar que el fantasma de ese supuesto “fascismo” semicolonial no tiene mucho que envidiarle.
Pasó de pedir la “refundación de carabineros” a respaldar su accionar represivo, mantuvo al alto mando, aumentó la dotación y los recursos, los encubrió con impunidad (retiro del caso “huracán”), mantuvo las querellas contra los presos por luchar, en definitiva buscó fortalecer el aparato represivo del estado.
Del mismo modo renovó continuamente los estados de excepción en la Araucanía militarizándola, aumentó los allanamientos a las comunidades (con represión y trauma ocular incluidos), intensificando la persecución de los dirigentes mapuches, invocación de la ley de seguridad interior del estado para aumentar las penas, y ahora cerró filas con la recientemente votada “ley de infraestructura crítica”, la que incluso intentó implementar rápidamente en reemplazo de los estados de excepción.
Esta última ley fue el proyecto estrella de Piñera, diseñada en los momentos más álgidos de la lucha de clases post “estallido”. ¿Qué es la infraestructura crítica? “la alimentación, la movilización, las telecomunicaciones, los terminales portuarios, el metro, los trenes, toda aquella infraestructura de servicios de utilidad pública así como los servicios de asistencia sanitaria y de salud”, etc. Es decir, los medios de producción.
El imperialismo norteamericano ha presionado hace un tiempo a los distintos gobiernos (como el de Brasil, Ecuador, Argentina, etc) a la utilización de las FFAA en el “control” interno. Cumpliendo con esta meta, el congreso, el senado, el poder ejecutivo, se alinearon para contar con una herramienta fundamental para que el presidente de turno despliegue las fuerzas militares en caso de que los trabajadores decidamos salir a luchar y tomar el control de los medios de producción. Y es que la burguesía conoce que el poder se encuentra en la producción, y no en la abstracta representación de las superestructuras de la democracia semicolonial.
Respecto al proyecto constitucional podemos decir que éste parte por profundizar la expoliación de los recursos naturales al legitimar el usufructo de las grandes trasnacionales y el dominio del capital financiero. El texto constitucional puede deshacerse en frases alrededor de la protección del medio ambiente, puede versar sobre la armonía de los pueblos con la naturaleza, etc, etc, pero lo esencial del carácter de clase del Estado debe estar definido: “El Estado tiene el dominio absoluto… de todas las minas… los depósitos de sustancias fósiles e hidrocarburos [etc]…sin perjuicio de […] la propiedad”… privada. La defensa de la propiedad privada de los medios de producción es lo que ha encendido las alabanzas al proceso constitucional como la opción “apruebo” de la calificadora de riesgo norteamericana Moody’s.
Las declamaciones de ciertos derechos (indígenas, de género, a la salud, a la vivienda, a la educación, al trabajo, etc) no son más cantos de sirenas. Ya la actual “constitución de Pinochet” contiene un catálogo más amplio de “derechos” expresados en la adhesión a tratados internacionales (de la ONU, la OIT, San José, etc), que –en todas partes del mundo- no son más que cúmulos de charlatanería y business para la filantropía, que encubre la decadencia del capitalismo en descomposición.
El carácter declamativo del texto, que a los posmodernos que pululan en la moneda los tiene pisando algodones con aquello de que “las palabras construyen realidad”, será interpretado por la institucionalidad burguesa la que buscará de una y otra forma volcar a su favor lo establecido, avanzando de paso sobre conquistas, quizás realizando algunas concesiones.
Ya lo vimos con la pasada reforma laboral, donde lo que se planteaba como una concesión a la organización sindical, significó obstáculos para la creación de nuevos sindicatos, sustitución de empresas en caso de huelgas, restablecimiento de grupos negociadores por vía administrativa, etc, etc. En este ámbito también el texto constitucional mantiene los preceptos basales de la llamada “libertad sindical” que fragmenta y atomiza a la clase trabajadora, mantiene la subcontratación, etc. Cualquier referencia a “derechos sobre la negociación colectiva”, negociación a nivel de rama, etc, se verán pulverizados en nuevas interpretaciones en caso de ganar el “apruebo” que mantengan la estatización de los sindicatos, fundamento central de la dominación del imperialismo.
La burguesía busca en este plebiscito no solo asentar el desvío, sino que avanzar hacia un acuerdo de unidad nacional. Esta es la base de las posturas de apruebo o rechazo para reformar. Gane la opción que gane, cerrarán filas para descargar la crisis capitalista en curso sobre la clase obrera y el pueblo.
Este ataque ya está en curso como lo muestran los ataques a la juventud secundaria, el aumento de la desocupación, la pulverización del salario real, el cierre de empresas como Ventanas, la represión a las luchas obreras como Enap, etc. Vemos ante nuestros ojos un gobierno bonapartista sui generis recostado en las rodillas del imperialismo
En estas elecciones plebiscitarias no creemos como lo dicen sectores de la izquierda revolucionaria que llamando a votar apruebo se evitará la desmoralización de las masas, que será “un piso” o “un paso” para seguir luchando. Esta lógica se inscribe en el supuesto de partir del “sentido común” el que no puede ser más que un reflejo de la ideología de la clase dominante. Su derrotero consiste en mantener incólume su política de levantar en el plano nacional una Asamblea Constituyente como etapa necesaria hacia la conquista del poder obrero. Para los marxistas el derecho es burgués (y su reforma) no puede expresar otra cosa que las bases materiales sobre las que se asienta, expresando de forma jurídica la relación de fuerzas entre las clases, entre la burguesía y el proletariado.
El plebiscito es un escenario burgués donde la participación de las masas en la farsa dela democracia patronal queda diluida en el voto “ciudadano”.
Nuestra opción táctica es la del voto nulo como un voto contra la democracia para ricos. Pero nuestro llamado es al necesario reagrupamiento de la vanguardia obrera detrás de un programa para intervenir en medio de la crisis. Sólo nuestra clase puede dar una salida para enfrentar la descomposición capitalista en curso.
De lo se trata es de proponerle a la clase obrera y la juventud, un programa de independencia de clases, que no llame a confiar en una reforma al estado.
Una constitución que nace con militarización, presos políticos, ataque a la clase trabajadora y la juventud, pretende sentar las bases de una transición a un “pacto” entre el capital y el trabajo bajo los golpes permanentes del gobierno, la patronal y el imperialismo.
Se vuelve de primera necesidad preparar un Congreso de delegados de base de toda la clase trabajadora, organizar nuestras fuerzas y discutir un programa hacia la conquista de un gobierno obrero.

El pasado Jueves 04 de Agosto desde la COR Chile y la Juventud de la COR, realizamos una charla debate en la sede de la Central Clasista de Trabajadores y Trabajadoras.

La exposición estuvo a cargo de Orlando Landuchi, por la Corriente Obrera Revolucionaria Argentina, integrante de la Tendencia Revolucionaria por la reconstrucción de la IV Internacional.

Se abordó la situación internacional desmenuzando el proceso de descomposición del capitalismo así como los procesos de asimilación de los exestados obreros. Se expuso el fenómeno de la inflación como un fenómeno que golpea sobre el salario real de los trabajadores en todos los países del mundo, describiendo algunos procesos estructurales del capitalismo, así como los derivados de la pandemia, la crisis económica, la interrupción o bloqueo de la circulación de mercancías entre otros. 
Se analizó la guerra de Ucrania, tanto para delinear los problemas de la asimilación al capitalismo de los ex-estados obreros, las ofensiva del imperialismo norteamericano, y las contradiciones del bloque interimperialista europeo, así como la política de los revolucionarios para luchar por la expulsión de las tropas rusas y contra el imperialismo de la OTAN. Parte de la exposición abordó las políticas de la corrientes centristas que abandonan una política de independencia de clase, ya sea por sumarse velada o activamente a alguno de los campos en disputa, o su adaptación "democrática" a direcciones pequeñoburguesas al servicio del imperialismo como Zelensky. Por el contrario se llamo a luchar por el enfrentamiento activo a la guerra sobre la base de la unidad de la clase obrera rusa y ucraniana en una perspectiva de una lucha por recuperar el poder de la clase obrera enfrentando a las direcciones contrarrevolucionarias rusas y ucranianas, colocando como perspectiva la lucha por la federación de estados obreros, como la forma que tomó la dictadura del proletariado, un legado del desarrollo de nuestro programa en la pelea por la revolución socialista.

Se dio un repaso a los distintos cambios de gobierno en latinoamérica, como Petro en Colombia o Boric en Chile, donde se evidencia que el capitalismo en su fase imperialista de descomposición es incapaz de hacer reformas, y toda reforma impulsada por estas direcciones, es limitada, reaccionaria y temporal, demostrándose un alineamiento servil a los intereses del imperialismo. Gobiernos que reflejan la crisis que cruza a los semiestados latinoamericanos.

El debate se abordó las políticas del imperialismo y la crisis en distintas regiones, en zonas como Siria, o también la disputa entre China y Estados Unidos en Taiwán como símbolo de las tendencias a la ruptura del equilibrio capitalista.

En el debate se resaltó el carácter internacional del programa revolucionario y de su partido, la cuarta internacional. Desde un esfuerzo militante insistimos en el llamado de la TRCI a la vanguardia obrera y a aquellas organizaciones que aún reivindican la dictadura del proletariado, a impulsar a una Conferencia Internacional para avanzar en la comprensión común de las tareas reconstruyendo el partido mundial de la revolución socialista.

 

Publicado el domingo, 24 Julio de2022 en http://www.cor-digital.org/nacionales/item/466-por-un-gobierno-obrero-abajo-el-gobierno-de-alberto-y-cristina.html
 

Argentina sigue en caída libre y cada semana se vive como el camino a una nueva catástrofe, con un deterioro del salario por la devaluación y el incremento de los precios, una debacle en nuestras condiciones de vida, mayor desocupación y un ataque a las jubilaciones, aumentos en los servicios de transporte, de luz y gas.

En este panorama el gobierno de Alberto y Cristina atienden a los reclamos, no de los trabajadores y el pueblo pobre, sino de los empresarios y grandes capitalistas. Son coherentes, ya que como gobierno burgués son los administradores estatales de sus negocios.

Muchos de estos empresarios y grupos económicos piden devaluación, si no se la dan, lo logran mediante mecanismos de mercado, como la corrida de estos días. El aumento de los precios es expresión de que la devaluación ya fue impuesta. Luego el gobierno solo tiene que legalizarla mediante el desdoblamiento de los tipos de cambio, un dólar para el campo, uno para las importaciones, otro para los turistas y así hasta el infinito, mientras que para quienes vivimos en pesos, “suerte, otra vez será”.

El gobierno de A y C debe garantizar el acuerdo con el FMI y el plan impuesto por este organismo para pagar la deuda. Todas las medidas tomadas por la actual ministra de economía Batakis van en ese sentido. Si hay algunas diferencias en la coalición de gobierno éstas no están en el desconocimiento del acuerdo, sino en cómo se debería pagar.

Pero estos elementos que hemos enumerado hasta aquí son parte de una caracterización con la que quizás gran parte de la izquierda y sectores del activismo coincidan, pero lo que queremos intentar esbozar de forma aproximativa en esta nota es cuál debería ser la salida a esta crisis.

El primer punto que queremos plantear es que, a diferencia de lo que propone la gran mayoría de la izquierda nucleada en el FITU y sus satélites, la salida para Argentina es internacional. Todo programa que plantee una salida nacional a la crisis, por más de izquierda que parezca, es falso y tiende a confundir a los trabajadores y a la vanguardia.

Planteamos esto porque el programa de los revolucionarios parte del análisis del sistema capitalista a nivel mundial y cómo se expresan sus particularidades en cada país. Si tomamos las particularidades como la norma, de seguro terminaremos planteando un programa que dé respuesta a la coyuntura sin unidad con las tareas internacionalistas que plantea la situación.

En el caso de Argentina es evidente que debemos plantear “Abajo el gobierno de Alberto y Cristina y su pacto con el FMI. Por un gobierno obrero”. Este planteo da la idea de que son los trabajadores los que deben gobernar ante el escenario de caos económico y pauperización de nuestras condiciones. Ahora, ¿cómo preparamos este escenario para que se transforme en una situación revolucionaria, en la que la dirección de ese proceso sea un partido revolucionario cuarta-internacionalista? Para algunos miembros del FITU, como el PTS y el PO, es con la palabra mágica “socialismo”. Para el PTS, “por un socialismo desde abajo” y para el PO, “por un movimiento popular con banderas socialistas”.  Acá ya comienzan a confundir a la vanguardia y a omitir programáticamente la necesidad de la dictadura del proletariado y sus distintas etapas.

El socialismo es un régimen social, para desarrollar el programa de éste, que es una etapa transicional, debe darse antes una revolución obrera. Plantear un programa de reformas socialistas sin antes destruir al Estado burgués es un sinsentido y torna al programa en algo inviable. Por eso plantear, como hace el PTS, el monopolio estatal del comercio exterior para evitar la fuga de capitales y poder elegir qué compramos y qué vendemos al exterior, o la nacionalización de la banca para que podamos dar otro destino a los créditos y depósitos, ¡eso sí! bajo gestión obrera, es destruir el programa por el que peleamos los revolucionarios para convertirlo en un cúmulo de consignas que terminarán en un proyecto de ley que se vote en el Congreso. Esta forma de ver el programa parte de un error fundamental, que es que no se puede separar el capital de los capitalistas, por eso debe mediar una revolución para modificar esa relación de fuerza en la producción. Al omitir la lucha por el poder se convierte en un programa redistribucionista y estatista. Los revolucionarios rusos levantaron el monopolio del comercio exterior después de haber hecho la revolución para luchar contra la ley del valor que rige a nivel mundial. Esto nada tiene que ver con el planteo nacional y redistribucionista.

Los revolucionarios peleamos por la destrucción del Estado, es por lo que nuestro programa transicional busca que el Estado burgués agonice antes de que tomemos el poder. Estas medidas estatistas de los centristas solo fortalecen, a los ojos de los trabajadores, instituciones que debemos destruir. Levantar “gestión” y no “control obrero” es otro dislate programático. El control obrero es poder dual en la producción, la gestión es la convergencia con el capital, son líneas opuestas.

Los revolucionarios sostenemos la dictadura del proletariado como una forma estatal que, en sus etapas, plantea desorganizar a la burguesía, organizar a la clase obrera y desarrollar la dictadura del proletariado internacional, como forma transicional en las etapas del socialismo al comunismo.

En el programa del centrismo ha sido borrada la dictadura del proletariado. Hoy, de forma devaluada, lo vemos levantando “gobierno de trabajadores” como una transición posible, es decir, una etapa distinta a la dictadura del proletariado y no como la popularización de ésta, planteada en el Programa de Transición. Esta consigna más bien sería para buscar más diputados con una idea de “gobierno de minoría parlamentaria”. Y con esta teoría buscan sus aliados en formaciones políticas que no tienen obreros en sus filas o, en su defecto, intentan dialogar con movimientos sociales buscando alguna táctica organizativa desligada de la producción.

Estos son algunos elementos para discutir ante los trabajadores, direcciones combativas y activistas para dar una salida a la crisis. Para enfrentar a este gobierno y a la burocracia, hay que empezar echando a los delegados y dirigentes que les responden, y así preparar y avanzar en la tarea de recuperar los sindicatos. Por un paro general y un plan de lucha, medidas tácticas que deben ser llevadas a cabo para desarrollar una vanguardia que exprese el programa de los revolucionarios.

 Si peleamos por hacer caer al gobierno de turno no es para que otra variante burguesa se apodere del poder, ya tenemos ejemplos cercanos como Chile. Y si planteamos gobierno obrero es para mostrar la superioridad de la forma estatal de la dictadura del proletariado para el desarrollo de las fuerzas productivas y la necesidad de los Estados Unidos de América Latina para la unidad económica de nuestra región en la necesidad de la revolución mundial.

Abrir un debate al interior de nuestra clase es fundamental ante el escenario de crisis en medio de una pandemia y la guerra en Ucrania. Convocamos a las corrientes que aun reivindican la dictadura del proletariado y planteen la reconstrucción de la IV Internacional a que nos demos un debate programático profundo para poner en pie una dirección revolucionaria. En ese sentido hacemos un llamado a una Conferencia internacional de las corrientes trotskistas para discutir las tareas ante la guerra en Ucrania y la crisis mundial.

El gobierno de Boric y el directorio de Codelco bajo la administración del operador empresarial Máximo Pacheco, decidieron el cierre de la fundición Ventanas, dejando con ello a más de mil familias en la calle, solo considerando los empleos directos de trabajadores de planta y subcontratados.

La excusa de este ataque contra la clase trabajadora se apoya en los reiterados episodios de intoxicaciones masivas que han sufrido la población de la zona de Quinteros-Puchuncaví, la que es signada como “zona de sacrificio”.

Los episodios de intoxicación se han sucedido al menos en dos oportunidades posteriores a la detención de la planta, lo que habla a las claras que esto no apunta a resolver ni mitigar el problema.

La continuidad operacional del resto de las industrias de la zona, las que no poseen ninguna medición de los contaminantes emanados, deja de manifiesto que esto se dirige a golpear sobre los trabajadores en un intento de reprimarizar y profundizar la explotación de los recursos naturales.

Ya Boric en su gira por Canadá se reunió con los empresarios mineros para ofrendar a los monopolios imperialistas 34 proyectos mineros en distintos puntos del país, los que preanuncian la expansión y multiplicación de las “zonas de sacrificio”.

Los trabajadores de Codelco, partiendo por la directiva de la FTC, que agrupa a los sindicatos de planta, se ha visto obligada a romper el inmovilismo conciliador y se encuentra desarrollando un paro nacional. Paro al que se han sumado organizaciones sindicales de subcontratistas.

El paro desarrollado por los trabajadores ha contado con el bloqueo y paralización a todas las plantas de Codelco en el país. El mismo ha sido respondido por el gobierno y el directorio de Codelco con represión y amedrentamientos, utilización de gases y carros lanza agua, detención de dirigentes sindicales, llegando a utilizar vehículos sin patente que colisionaban los vehículos de los trabajadores en lucha.

La CUT, cuyo perfil oficialista es acérrimo, ha salido a respaldar el paro pero sólo para exigir que se establezca un “diálogo” para justamente “programar” el cierre de la fundición, alineándose en realidad con el propio gobierno.

La ministra de minería habló de que el cierre de la fundición era la “crónica de una muerte anunciada”. Justamente era el proyecto que traía bajo el brazo Sebastián Piñera para anunciarlo en la COP25, suspendida ante la semiinsurrección de octubre del 19. Hoy el gobierno de Boric, con el cinismo de un discurso ecologista, continúa esta labor.

Hasta el momento los dirigentes de la FTC se han negado a sentarse a negociar* la ley de cierre exigiendo la inversión oportuna en tecnología que disminuya la emisión de contaminantes.

A la burguesía no le interesa ni la ecología, ni la salud de la población. Lo han demostrado una y mil veces. Las “zonas de sacrificio” son un subproducto genuino de la anarquía del capitalismo en descomposición en la persecución de la ganancia.

Los únicos interesados en la producción, su relación con la naturaleza y la salud de la población somos los propios trabajadores, los que verdaderamente podemos dar una salida.

Es necesario continuar el paro de manera indefinida y extenderlo hacia el conjunto de la rama minera imponiendo el control obrero de la rama, estableciendo un plan de descontaminación y mitigación en las “zonas de sacrificio”, en el camino de la planificación económica global.

NO AL CIERRE DE VENTANAS

POR EL TRIUNFO DE LOS TRABAJADORES DE CODELCO

22-06-22

 

* No pasaron ni 24 horas de comenzado el paro que la FTC anunció que se sentaría a "negociar". Comprometió con el gobierno, y la patronal estatal, una mesa de diálogo y lo que llamó una "transición justa", o sea, validaron el cierre de  la fundición Ventanas. Inmediatamente salieron a anunciar que bajaban el paro sin realizar ni una sola asamblea, ni reunión con dirigentes, lo que calificaron como "un balde de agua fría" distintos sindicatos de trabajadores subcontratistas.
Lo positivo de este paro, que un sector de la clase obrera minera (la que se agrupa en CODELCO) salió de su letargo y mostró un poder de paralización de la producción que puso nervioso al gran capital. Lo negativo, que contamos con una burocracia sindical a la cabeza de nuestras organizaciones que ha permitido muchos ataques a la clase trabajadora. Es necesario recuperar los sindicatos expulsando a la burocracia y poniendo a la cabeza a luchadores obreros, imponer la democracia sindical en nuestras organizaciones y disponerlas para una lucha contra el imperialismo. La lucha contra el cierre de ventanas está aún abierta, los trabajadores debemos tomar este desafío. (24/06/22)

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